Elvira Medus es Psicoterapeuta Humanista que provee acceso simple y sencillo al mundo psicológico tratando temas cotidianos escenciales. Elvira Medus busca fortalecer las familias y mejorar la comunicación de los padres con sus hijos por medio de estrategias prácticas y útiles que favorecen la crianza de hijos responsables, considerados y seguros de sí mismos.
lunes, 14 de abril de 2014
Comportamiento rebelde de los niños
Cuantas
veces nos ha ocurrido que vamos al supermercado y nuestro hijo se pone a
gritar, patalear o comportarse indebidamente.
Esta es una situación estresante que muchas veces no sabemos cómo
actuar. Los padres autoritarios muy
estrictos, recurren a imponerles reglas sumamente estrictas como para evitar
este tipo de comportamiento. Podemos
decir que este modo de resolver este tipo de problemas funciona en el sentido
que el niño no se comporta indebidamente pero las preguntas que hay que hacerse
son: ¿cuál es el mensaje que estoy transmitiéndoles a mis hijos con amenazas y
gritos? ¿Soy la madre o padre quiero ser al impartir este tipo de disciplina? Las amenazas
imparten miedo, son signos de peligro inclusive dentro del ambiente
familiar. Los gritos, por su parte, transmiten desconcierto, falta de orden,
desesperación y crean un ambiente donde se vive una falta de control. Las
amenazas y gritos no ayudan a crear la atmosfera de seguridad, orden y
predicción que los niños necesitan. Imponer disciplina a nuestros hijos es una
forma de enseñanza, no un método de castigo. Por último,
nos tenemos que preguntar ¿cuál es el costo para nuestros hijos de implementar
un modo de crianza autoritario? Los hijos de padres autoritarios con el correr
del tiempo tienden a ser dubitativos e inseguros debido a que sus padres les han
ido quitando su autonomía. Estos niños con el fin de satisfacer a su padres van
perdiendo contacto con lo que ellos quieren vulnerando poco a poco su autoestima. Es muy común encontrar personas adultas que han tenido padres muy autoritarios
que los han alejado de sí mismos a tal punto que han perdido total contacto con
lo que quieren en sus vidas. Son personas que no tienen presente cuáles son sus
gustos, preferencias, deseos, sueños. Son personas que tienden a vivir satisfaciendo a los demás en lugar de a ellos
mismos. Peor aún, estas personas suelen
sentir culpa si buscan su propio interés. Desandar este camino no es un proceso
sencillo, requiere tiempo, determinación y, en muchos casos, ayuda psicológica.
La pregunta entonces es como hacer con niños rebeldes. Si el niño está en medio de una “pataleta” será inútil hablarle en ese preciso momento. Cuando el niño está haciendo un berrinche no puede escuchar, en ese momento porque esta embebido de la emoción que está sintiendo ya sea enojo, frustración, desesperación. Imagínense como si su hijo estuviera ahogándose en el agua. Si le hablamos o le queremos explicar algo mientras el niño está bajo agua no nos va a escuchar. Si le gritamos o le exigimos que salga tampoco lo estaríamos ayudando. El niño está en problemas. Si esta fuera la forma en la que veríamos la situación, es fácil responder. Lo que haría la mayoria de los padres en ese momento es tenderle una mano para que salga del agua y luego abrazarlo fuerte para que no tenga miedo. Esto mismo es lo que necesita nuestro hijo cuando está en medio de una pataleta. Primero tenemos que comprenderlo, mostrarle que lo entendemos, que empatizamos con lo que le pasa. Vamos a estar validando su emoción, en otras palabras, “sacando a nuestro hijo del agua.” Las emociones son únicas a cada individuo y validarle sus emociones, su forma de sentir valida nada más y nada menos que su ser persona en este mundo fortaleciendo su autoestima. Ahora no tenemos que confundir validar sus emociones con aprobar su conducta. Luego de validar sus emociones es tiempo de corregir su conducta. Recién cuando el niño esta calmado y tranquilo vamos a poder enseñarle a comportarse diferente. Para enseñarles a nuestros hijos un modo distinto de conducta podemos guiarnos siguiendo tres pasos. El primero, es nombrarle como se llama la conducta inapropiada que estaba haciendo. Le podemos decir: “Esteban, lo que estabas haciendo es una pataleta, o gritar, o tirar las cosas o pegar” o lo que fuera estuviera haciendo. Es muy importante aquí ser especifico en la descripción de la conducta inapropiada. Si le decimos que lo que estaba haciendo era faltar el respeto puede ocurrir que sea un concepto abstracto difícil de comprender. De allí que cuanto más concreta y simple sea la descripción de la tarea mejor. El segundo paso es mencionarle la consecuencia de su comportamiento. Por ejemplo: cuando haces una pataleta te podes lastimar, cuando gritas me duelen los oídos, cuando tiras las cosas podes romper algo, cuando pegas podes lastimar a alguien. De esta forma, los niños van aprendiendo que sus actos tienen consecuencias. El último paso es enseñarle un comportamiento alternativo. Por ejemplo, podes estar enojado o frustrado pero en lugar de hacer una pataleta usa tus palabras para explicarme que te pasa; en lugar de gritar usa un tono normal; en lugar de tirar las cosas dámelas en la mano; en lugar de pegar usa tus palabras.
Si bien estos pasos van a ayudar a manejar situaciones difíciles con niños rebeldes tenemos que ser conscientes que el aprendizaje no ocurre de un día para el otro. Los niños van a desafiar todo tipo de reglas, y van a intentar correr los límites todo lo que puedan. Es esencial la constancia en la implementación de estos pasos. El camino puede ser frustrante para los padres cuando nos encontramos repitiendo por décima vez que no hay que pegar porque pueden lastimar a alguien y que en lugar de pegar tienen que usar sus palabras. El hecho que nos encontremos repitiendo una y otra vez lo mismo, no quiere decir que el proceso no este avanzando. La firmeza del padre al explicarles estos pasos conjuntamente con la constancia en el método es lo que va generando los resultados esperados.
La pregunta entonces es como hacer con niños rebeldes. Si el niño está en medio de una “pataleta” será inútil hablarle en ese preciso momento. Cuando el niño está haciendo un berrinche no puede escuchar, en ese momento porque esta embebido de la emoción que está sintiendo ya sea enojo, frustración, desesperación. Imagínense como si su hijo estuviera ahogándose en el agua. Si le hablamos o le queremos explicar algo mientras el niño está bajo agua no nos va a escuchar. Si le gritamos o le exigimos que salga tampoco lo estaríamos ayudando. El niño está en problemas. Si esta fuera la forma en la que veríamos la situación, es fácil responder. Lo que haría la mayoria de los padres en ese momento es tenderle una mano para que salga del agua y luego abrazarlo fuerte para que no tenga miedo. Esto mismo es lo que necesita nuestro hijo cuando está en medio de una pataleta. Primero tenemos que comprenderlo, mostrarle que lo entendemos, que empatizamos con lo que le pasa. Vamos a estar validando su emoción, en otras palabras, “sacando a nuestro hijo del agua.” Las emociones son únicas a cada individuo y validarle sus emociones, su forma de sentir valida nada más y nada menos que su ser persona en este mundo fortaleciendo su autoestima. Ahora no tenemos que confundir validar sus emociones con aprobar su conducta. Luego de validar sus emociones es tiempo de corregir su conducta. Recién cuando el niño esta calmado y tranquilo vamos a poder enseñarle a comportarse diferente. Para enseñarles a nuestros hijos un modo distinto de conducta podemos guiarnos siguiendo tres pasos. El primero, es nombrarle como se llama la conducta inapropiada que estaba haciendo. Le podemos decir: “Esteban, lo que estabas haciendo es una pataleta, o gritar, o tirar las cosas o pegar” o lo que fuera estuviera haciendo. Es muy importante aquí ser especifico en la descripción de la conducta inapropiada. Si le decimos que lo que estaba haciendo era faltar el respeto puede ocurrir que sea un concepto abstracto difícil de comprender. De allí que cuanto más concreta y simple sea la descripción de la tarea mejor. El segundo paso es mencionarle la consecuencia de su comportamiento. Por ejemplo: cuando haces una pataleta te podes lastimar, cuando gritas me duelen los oídos, cuando tiras las cosas podes romper algo, cuando pegas podes lastimar a alguien. De esta forma, los niños van aprendiendo que sus actos tienen consecuencias. El último paso es enseñarle un comportamiento alternativo. Por ejemplo, podes estar enojado o frustrado pero en lugar de hacer una pataleta usa tus palabras para explicarme que te pasa; en lugar de gritar usa un tono normal; en lugar de tirar las cosas dámelas en la mano; en lugar de pegar usa tus palabras.
Si bien estos pasos van a ayudar a manejar situaciones difíciles con niños rebeldes tenemos que ser conscientes que el aprendizaje no ocurre de un día para el otro. Los niños van a desafiar todo tipo de reglas, y van a intentar correr los límites todo lo que puedan. Es esencial la constancia en la implementación de estos pasos. El camino puede ser frustrante para los padres cuando nos encontramos repitiendo por décima vez que no hay que pegar porque pueden lastimar a alguien y que en lugar de pegar tienen que usar sus palabras. El hecho que nos encontremos repitiendo una y otra vez lo mismo, no quiere decir que el proceso no este avanzando. La firmeza del padre al explicarles estos pasos conjuntamente con la constancia en el método es lo que va generando los resultados esperados.
Adolescentes y la droga
La
Adolescencia es una etapa sumamente difícil para nuestros jóvenes. La adolescencia
es una etapa de transición entre la niñez y la adultez. Por lo tanto, los
jóvenes todavía necesitan asistencia y cuidado pero también libertad y
autonomía. Durante la adolescencia, los
jóvenes comienzan a probar nuevas formas de vestirse, de actuar, de
relacionarse. Es una etapa de
descubrimiento de ellos mismos. En esta
etapa van descubriendo qué tipo de hombres o mujeres van a llegar a ser. De allí que sumamente complejo para los
padres acompañar a los adolescentes en este proceso. Existe una constante duda entre hasta donde
dejarlos solos y hasta donde intervenir.
La realidad es que no hay una respuesta para estas dudas. Cada padre ira buscando el balance entre
darle libertades para que comiencen a explorarse a sí mismo y mantener un adecuado
control que vele por su seguridad. Este
balance será más sencillo alcanzarlo si se lo busca conjuntamente con su hijo
adolescente. Esto quiere decir que, como padres, no deberíamos tomar una
actitud autoritaria o dictaminar las reglas a seguir sino buscar junto a
nuestros jóvenes los caminos posibles.
Esto implica tener un dialogo permanente con nuestros hijos. Se trata de conocerlos, de escucharlos, de
entenderlos, de tomarnos el tiempo para descubrirlos. Queriendo descubrir a nuestros adolescentes
es como los ayudamos a descubrirse a sí mismos.
Al ayudarlos a descubrirse a sí mismos, aprendemos a conocerlos y a
entenderlos más. Como padres, vamos
aprendiendo a ver a nuestros hijos como personas distintas a nosotros, con su
propia personalidad. De la misma manera que los vamos descubriendo a ellos,
vamos generando oportunidades para que ellos también nos conozcan más a
nosotros, que descubran nuestros valores, principios, maneras de ser. En este dialogo permanente van apareciendo
similitudes y diferencias, miedos, deseos, ambiciones, inhibiciones. Simplemente, nos vamos conociendo y honrando
nuestras formas de ser. En un contexto
de respeto por el otro, ese facilita la busca de este balance entre libertades
y límites.
Muchos adolescentes al no haber descubierto una motivación, una inquietud, una actividad que los inspire, una tarea que los haga sentirse útiles, se sienten sin rumbo. Si además de sentirse sin rumbo, se sienten que en el contexto donde viven no hay permiso para sus dudas, sus miedos, su estar perdido, esto incrementa su desconcierto. No es raro pensar que este adolescente se sienta aislado y temeroso. Aislado porque no siente la confianza suficiente para compartir sus dudas o incertidumbres y temeroso porque no sabe cómo continuar desde este lugar. Son situaciones de este tipo las que favorecen a nuestros adolescentes a inclinarse por la droga (ilícita o recetada). La droga, en estas circunstancias, es una alternativa a salir de la situación en la que se encuentran y, momentáneamente, lo logra. Sin embargo, los adolescentes que eligen la droga están pidiendo a gritos aceptación de sus miedos, de sus dudas, de sus imperfecciones. Independientemente que nuestro hijo o hija este o no atravesando una situación crítica como la descripta, como padres, necesitamos crear espacios de escucha. No espacios para que nuestros hijos nos escuchen a nosotros sino espacios para nosotros escucharlos a ellos, para comprenderlos y, como dije antes, más importante aún, para descubrirlos. No permitamos que el vacío que sientan lo llenen las drogas.
Muchos adolescentes al no haber descubierto una motivación, una inquietud, una actividad que los inspire, una tarea que los haga sentirse útiles, se sienten sin rumbo. Si además de sentirse sin rumbo, se sienten que en el contexto donde viven no hay permiso para sus dudas, sus miedos, su estar perdido, esto incrementa su desconcierto. No es raro pensar que este adolescente se sienta aislado y temeroso. Aislado porque no siente la confianza suficiente para compartir sus dudas o incertidumbres y temeroso porque no sabe cómo continuar desde este lugar. Son situaciones de este tipo las que favorecen a nuestros adolescentes a inclinarse por la droga (ilícita o recetada). La droga, en estas circunstancias, es una alternativa a salir de la situación en la que se encuentran y, momentáneamente, lo logra. Sin embargo, los adolescentes que eligen la droga están pidiendo a gritos aceptación de sus miedos, de sus dudas, de sus imperfecciones. Independientemente que nuestro hijo o hija este o no atravesando una situación crítica como la descripta, como padres, necesitamos crear espacios de escucha. No espacios para que nuestros hijos nos escuchen a nosotros sino espacios para nosotros escucharlos a ellos, para comprenderlos y, como dije antes, más importante aún, para descubrirlos. No permitamos que el vacío que sientan lo llenen las drogas.
viernes, 11 de abril de 2014
Sexualidad en la Adolescencia
Los padres
tenemos la obligación de educar a nuestros hijos respecto a la sexualidad. Muchos padres se sienten incómodos o no saben
cómo abordar el tema dejando a sus hijos vulnerables en este terreno. Lo que puede ocurrir es que acaben siendo informandos por personas que no tienen el mejor interés para ellos y terminen engañados o mal aconsejados. Si esta
situación ocurre estaremos en un problema mucho más grave que el que teníamos
originariamente que era educarlos sobre sexualidad. Los padres no podemos desligarnos de nuestras
responsabilidades. Para muchos padres
es un tema difícil de abordar pero esto no es excusa para no tomar el rol de
educadores que nos corresponde.
¿Cuándo
está listo un adolescente para perder su virginidad? Si bien no hay una edad adecuada para perder
la virginidad, si hay consideraciones a evaluar para saber si nuestros jóvenes
están preparados para dar este paso significativo. Tener relaciones sexuales puede resultar en
contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS) causadas por bacterias,
parásitos o virus. Las ETS son
infecciones que se adquieren por tener relaciones sexuales con alguien que este
infectado. Si el adolescente padece de
ETS causado por bacterias o parásitos, se puede tratar con antibióticos u otros
medicamentes. Si padece de ETS causado por un virus, no hay curación. Adicionalmente,
tener relaciones sexuales puede causar embarazos no deseados. Por consiguiente, si el adolescente no está
capacitado de tomar las medidas necesarias para evitar contagiarse de ETS o
evitar un embarazo, claramente no está preparado para tener relaciones sexuales.
El tema de
control de ETS y embarazos es solo el primer paso a evaluar. El siguiente paso es evaluar la madurez
emocional del adolescente. Los
adolescentes están en proceso formación.
Se encuentran en una etapa de sus vidas donde están
explorando formas de vivir y valores distintos a los conocidos en su hogar. Comienzan a dudar de lo que creían cuando eran pequeños. De allí que experimentan dudas, inseguridades, presiones, incertidumbres
propias del proceso. Como consecuencia de este proceso de maduración, los adolescentes suelen no ser conscientes de sus inseguridades, por consiguiente, puede confundir los motivos por los cuales quiere tener relaciones sexuales. Concretamente, pueden no ser conscientes que las
verdaderas razones subyacentes de su motivación por tener relaciones sexuales
sean sentirse seguros, poderosos, valientes, que pertenecen, populares. Ninguna de esas razones es una razón adecuada
por la cual tener relaciones sexuales. Peor
aún, si el adolescente tuviera relaciones sexuales motivado por cualquiera de esas razones, se alejaría aun de su objetivo de sentirse popular,
valiente, audaz, canchero, poderosos. Por el contrario, incrementaría sus inseguridades. De alli que es fundamental que dialoguemos con nuestros hijos. Tenemos que conversar sobre este tema para ayudarlos a elegir. No queremos que nuestros hijos vivan una experiencia sexual no deseada a una temprana edad porque puede dejarles huellas irreparables.
Otro
aspecto a tener en cuenta respecto a cuándo tener o no relaciones sexuales son
los valores, las creencias, los principios de los padres. Hay padres que consideran que es importante
esperar a tener relaciones sexuales hasta el matrimonio, otros piensan que sus
hijos deberían tener relaciones sexuales con alguien con quien hayan cultivado
una relación de amor y el respeto.
Cualquiera sea el motivo por el cual los padres valoran que sus hijos
esperen a tener relaciones sexuales, tienen que comunicárselo claramente a sus hijos. El dialogo que los padres tienen que tener
con sus hijos debería basarse en explicarles las razones positivas por las
cuales los padres sostienen una determinada postura. No es recomendable y es hasta contraproducente, criticar otras posturas. Si los padres pueden explicarles, sin
imponer, los aspectos positivos que hay detrás de su punto de vista mostrándoles los
beneficios de dicha mirada es posible que sus hijos puedan entenderlos y,
eventualmente, incorporar esta misma postura como propia. Concretamente, se les puede explicar lo que significa para los padres el compromiso del matrimonio o el marco que brinda tener una relación estable con alguien. Tambien se les puede explicar que lleva tiempo cultivar una relacion de cariño, cuidado y respeto y la importancia de contar con una relación con estas características antes de tener relaciones sexuales.
Si bien
tenemos que dialogar e ir mostrándoles el camino que para nosotros es el
adecuado, también tenemos que recordar que nuestros hijos no son adultos
todavía, están en proceso de maduración. Por las consecuencias que la sexualidad puede
traer, es crítico que los padres supervisen y monitoreen a sus hijos
adolescentes permanentemente. Puede ser que sus hijos se
sientan molestos al ser controlados pero esta no es excusa para los padres para
no hacerlo. Los padres tienen que poder
responder en cualquier momento del día donde están mis hijos, con quien están y
que están haciendo. Finalmente,
los padres no tienen que olvidarse en hacer sentir especiales a sus hijos. Esta es una tarea que tenemos que hacer día a
día. ¿Es nuestra casa el hogar de nuestros hijos? ¿Reciben nuestros hijos ese
calor de bienvenida cada vez que llegan a su casa? ¿Es nuestra casa un espacio
donde nuestros hijos descansan de presiones, competencias y exigencias
exteriores? Cuidemos que nuestro hogar
sea el refugio para nuestros hijos, que sea ese lugar que los abraza cada vez
que llegan, que sea ese espacio donde se sienten mirados, escuchados, entendidos. Si este es el ambiente que les estamos
brindando a nuestros hijos es muy probable que nos escuchen, que nos pidan ayuda. No queremos que nuestros hijos queden a la
merced de personas desconocidas que no tienen el mejor interés de ellos.
Enseñar a nuestros hijos el valor del dinero
Ser padres
significa ser proveedores. No solo tenemos un instinto a ser proveedores de
seguridad, abrigo, alimento sino también proveedores de bienestar, diversión,
distracción. De allí que cuando nuestros hijos nos piden juguetes muchas veces
se nos hace difícil decir que no. La realidad es que nuestros niños están
listos para pedirnos que les compremos algún juguete a todo momento. Entramos a
la farmacia, al supermercado, a la ferretería, al quisco y escuchamos la
pregunta: ¿mamá, me compras esto? No tenemos que tener miedo ni vergüenza a
decir que no ya sea porque no podemos o porque no creemos que sea conveniente
para nuestros hijos. Parte de nuestra función como padres es educar a nuestros
hijos respecto a las restricciones del mundo.
Independientemente del poder adquisitivo de cada familia, tenemos que
enseñarles a nuestros hijos el valor del dinero. Enseñarles el valor del dinero significa que
les explicamos que para comprar algo tenemos que pagarlo con dinero y, para
tener dinero, tenemos que trabajar. Es importante que entiendan que si no
trabajamos no tenemos dinero y, por consiguiente, no podemos comprar juguetes u
otras cosas como ropa, comida, vacaciones. Tenemos que explicarles que mientras trabajamos para obtener dinero para comprar las cosas que necesitamos, no podemos estar con ellos como nos gustaria. Estos son
conceptos básicos sobre los cuales tenemos que comenzar a hablar con nuestros
niños para que empiecen a entender cómo funciona el mundo real. Conversando de
estos temas simples, es como les vamos enseñando que todo no se puede.
Tenemos que estar preparados para la reacción de este aprendizaje. No podemos pretender que nuestros niños entiendan este concepto sin reacción o sin resistencia alguna. Cuando los niños comienzan a comprender sobre las limitaciones del mundo y que todo no se puede, muy probablemente se sientan frustrados, enojados, tristes, decepcionados. Como padres, esta es nuestra oportunidad para enseñarles a lidiar con estas emociones. El primer paso es permitirles sentirse de la forma que quieran: enojados, tristes, decepcionados. No hay nada de malo con estas emociones. Las emociones son únicas de cada individuo. Cada individuo vivirá esta experiencia de forma única e irrepetible. De allí que tenemos que respetar su forma de sentir y darles un espacio para poder expresarse sanamente. La mejor forma de expresión es hablándolo. Podemos decirles que entendemos que se sientan frustrados, enojados o tristes y que no hay nada de malo en sentirse de esa forma. Lo que si no podemos permitir es comportarse inadecuadamente por estar sintiendo estas emociones. No podemos permitirles pegar, romper, gritar. Estas son conductas inaceptables. Somos nosotros quienes les tenemos que enseñar la diferencia entre sentirse enojado y pegar. Sentirse enojado es válido, pegar no. Darles este espacio para que expresen sus emociones, lo que esta haciendo es darles un espacio para que “sean.” El permitirles “ser” es lo que ayuda a fortalecer su autoestima y, por consiguiente, les ayuda a poder sostener emociones negativas sin tener que reaccionar. Ahora bien, esto es un proceso largo. No basta con explicarles esto la primera vez a nuestros niños y esperar que lo aprendan. Esta es una lección que tenemos que repetir durante toda la vida del niño. Es a través de la repetición y consistencia que los niños van aprendiendo a valorarse a si mismos porque nuestros padres nos están valorando cada vez que nos validan nuestras emociones. Esta validación es la que fortalece su interior armándolos de recursos para tolerar sanamente emociones que no son agradables para ellos.
Tenemos que estar preparados para la reacción de este aprendizaje. No podemos pretender que nuestros niños entiendan este concepto sin reacción o sin resistencia alguna. Cuando los niños comienzan a comprender sobre las limitaciones del mundo y que todo no se puede, muy probablemente se sientan frustrados, enojados, tristes, decepcionados. Como padres, esta es nuestra oportunidad para enseñarles a lidiar con estas emociones. El primer paso es permitirles sentirse de la forma que quieran: enojados, tristes, decepcionados. No hay nada de malo con estas emociones. Las emociones son únicas de cada individuo. Cada individuo vivirá esta experiencia de forma única e irrepetible. De allí que tenemos que respetar su forma de sentir y darles un espacio para poder expresarse sanamente. La mejor forma de expresión es hablándolo. Podemos decirles que entendemos que se sientan frustrados, enojados o tristes y que no hay nada de malo en sentirse de esa forma. Lo que si no podemos permitir es comportarse inadecuadamente por estar sintiendo estas emociones. No podemos permitirles pegar, romper, gritar. Estas son conductas inaceptables. Somos nosotros quienes les tenemos que enseñar la diferencia entre sentirse enojado y pegar. Sentirse enojado es válido, pegar no. Darles este espacio para que expresen sus emociones, lo que esta haciendo es darles un espacio para que “sean.” El permitirles “ser” es lo que ayuda a fortalecer su autoestima y, por consiguiente, les ayuda a poder sostener emociones negativas sin tener que reaccionar. Ahora bien, esto es un proceso largo. No basta con explicarles esto la primera vez a nuestros niños y esperar que lo aprendan. Esta es una lección que tenemos que repetir durante toda la vida del niño. Es a través de la repetición y consistencia que los niños van aprendiendo a valorarse a si mismos porque nuestros padres nos están valorando cada vez que nos validan nuestras emociones. Esta validación es la que fortalece su interior armándolos de recursos para tolerar sanamente emociones que no son agradables para ellos.
Por último,
otra de nuestras responsabilidades como padres es enseñarles a nuestros hijos
que las personas tenemos muchas más necesidades que los bienes materiales. Esta
lección se las enseñamos regalándoles, en lugar de mas juguetes, más de nuestro tiempo. El compartir
calidad de tiempo con nuestros hijos les muestra el valor del compartir, del
pertenecer, del reconocimiento que son los bienes más preciados que un padre le
pueda regalar a sus hijos.
Entrevista sobre "Cómo Enseñar el Valor del Dinero a nuestros hijos" en el programa televisivo Buenos Dias Nueva York por Telemundo 47
Entrevista sobre "Cómo Enseñar el Valor del Dinero a nuestros hijos" en el programa televisivo Buenos Dias Nueva York por Telemundo 47
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