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domingo, 16 de noviembre de 2014

Los jovenes y la autoflagelacion

La autoflagelación es un tema sumamente alarmante y aterrador para los padres.  La autoflagelación no es un intento de suicidio.  La autoflagelación es una forma de auto lastimar el cuerpo se ya sea con cortes, quemaduras, golpes, arañazos.  Las zonas que los jovenes se lastiman con mayor frecuencia son brazos, muñecas, piernas y tobillos aunque también pueden lesionar otras partes del cuerpo.  Para lastimarse a sí mismos suelen utilizar cuchillos, tijeras, agujas, fuego, afeitadoras o cualquier instrumento cortante.  
La pregunta más frecuente de los padres es por qué recurren los jóvenes a esta práctica.  La respuesta a esta pregunta es muy difícil de comprender.  Estos adolescentes están atravesando sentimientos de profundo dolor, tristeza, soledad, incomprensión y no encuentran forma de aliviar este tormento interno.  Al causarse daño físico, el dolor fisico se hace presente "tapando" el dolor interno momentanemante.  Podriamos decir que, de alguna manera, cambian el dolor interno emocional por el dolor exterior físico.  El dolor fisico pareceria, entonces, "aliviarles" el dolor emocional porque mientras sienten el dolor fisico se "olvidan" de su dolor interno.  El dolor físico es más tolerable que el interno.  El daño físico exterior no es más que un reflejo de lo que estos adolescentes está viviendo internamente.
Esta práctica es sumamente grave por las consecuencias que acarrea.  Desde el punto de vista físico, estos adolescentes se están exponiendo a riesgos de infecciones o enfermedades bacterianas.  Desde el punto de vista emocional, estos niños sienten mucha vergüenza por lo que hacen y por sus marcas en el cuerpo llevándolos a aislarse cada vez mas de la sociedad.  Adicionalmente, esta práctica encierra el peligroso riesgo de transformarse en una adicción.  Las adicciones tienen la característica de proveer un aparente beneficio de corto plazo.  Es este beneficio de corto plazo lo que hace que las personas adictas continúen con la adicción.  Tal es el caso de drogas, cigarrillos, alcohol.  En el caso de la autoflagelación, la dinámica es similar.  El adolescente al lastimarse puede por un momento “correrse” de la pesadilla interna que está viviendo.  De allí, que estos adolescentes tienden a generar una adicción con esta práctica siendo extremadamente difícil erradicarla.
Los padres que sospechan que sus hijos o hijas se están auto lastimando, deben observar con mucha atención si se aíslan frecuentemente, si encuentran manchas de sangre en su ropa, si usan permanentemente mangas largas aun en días calurosos.  Los padres que saben que sus hijos o hijas se auto agreden, deben, primero, consultar a un médico para evaluar las heridas y, luego, comenzar un proceso psicológico urgente.  Este proceso psicológico que el adolescente va a comenzar no va a ser ir al psicologo solo un par de sesiones.  No estamos en presencia a una situación donde la niña o el niño esta queriendo llamar la atención.  Estamos frente a un problema sumamente grave que requiere una terapia psicológica de largo plazo.  Adicionalmente, la familia tiene que prepararse a iniciar una terapia psicológica familiar.  Se requiere del involucramiento de toda la familia en este proceso si realmente se quiere ayudar a salir a este niño o niña de esta situación tan dolorosa.  Por último, los padres y familiares tienen que acompañar el proceso con un corazón abierto dispuesto a no juzgar, a comprender y empatizar porque estos niños están sangrando mucho más por dentro que por fuera.

sábado, 27 de septiembre de 2014

miércoles, 25 de junio de 2014

Bullying o Acoso Escolar


El bullying es una forma de maltrato que se da en las escuelas entre nos niños.  Este maltrato puede ser psicológico, verbal o físico.  Se caracteriza por darse en forma constante a lo largo del tiempo.  Si bien hay un sin número de razones por las cuales esto puede ocurrir, las más comunes son por cuestiones de apariencia o de status social.  Los padres tienen que estar muy atentos a estas circunstancias, especialmente porque los niños que están siendo maltratados tienden a no querer hablar del tema.  Estos niños sienten que no van a ser comprendidos, que van a ser juzgados como débiles o cobardes, creen que los van a rechazar o hasta a castigar por lo que les ocurre.  Adicionalmente, tienen mucho miedo a las represalias si llegan a hablar.  De allí, que los padres tienen que prestar mucha atención a los cambios emocionales y de conducta de sus hijos.  Los padres tienen que escuchar entre líneas a sus hijos, no quedarse solo con lo que ellos verbalizan.  Si los ven ansiosos, nerviosos, preocupados, si escuchan que no quieren ir a la escuela, si observan conductas autodestructivas (fumar, tomar, etc.), lesiones en su cuerpo o cambios de hábitos alimenticios o en el dormir, estamos en presencia de alertas que no podemos ignorar.  Cualquiera de estas circunstancias son señales que tenemos que evaluar.  Para lo cual, debemos conversar con nuestros hijos.  El primer paso antes de hablar con ellos es concientizarnos que el tema que vamos a hablar es un tema doloroso para nuestros hijos.  Nuestros hijos están sufriendo.  No necesitan retos, ni juicios, ni críticas.  Debemos acercarnos a ellos con un corazón empático, transmitiéndoles que entendemos lo que les pasa que queremos ayudarlos.  El segundo paso, es actuar.  No basta con conversar con ellos.  Tenemos que intervenir involucrando a la escuela.  Este tipo de conflicto no lo van a poder resolver los padres solamente.  La realidad es que los padres no van a estar en la escuela para cuidar de su niño.  De allí que es imperioso contactarse con la escuela para armar un plan en forma conjunta.
Simultáneamente, los adolescentes tienen que saber que la ignorancia es una estrategia a seguir cuando están siendo maltratados.  Es importante que no entren en conversaciones, discusiones verbales o altercados físicos con quienes los están agrediendo.  Además, tienen que buscar rodearse de amigos sinceros y honestos.  En caso que no tengan amigos, que comiencen a realizar actividades donde puedan conocer y conectarse con otros chicos.  Es muy importante que no anden solos, especialmente en la escuela.  Por último, que practiquen ganar confianza en ellos mismos.  Para ganar confianza en uno mismo, hay que sentirse a gusto.  La pregunta que los adolescentes tienen que hacerse es: "que cosas me hacen sentir bien?" Responder a esta pregunta y hacer algo al respecto.  Si le gusta tocar la guitarra que comience clases de guitarra, si le gusta bailar que se anote en una clase de danza, zumba, jazz, si le gustan los deportes que se anote en algún club cercano,  si le gusta pintar que participe de talleres de arte, si les gusta leer que participen de una biblioteca y de reuniones de lectura.   Hacer algo que nos gusta nos hace sentir bien y sentirnos bien nutre nuestra confianza.  La confianza que nuestros hijos tengan en ellos mismos es una de las mejores formas de prevenir maltratos.

A continuación la Entrevista sobre este tema por Noticiero 47 - Primera Edición:

miércoles, 16 de abril de 2014

lunes, 14 de abril de 2014

Peleas entre hermanos

¿Qué ocurre en los hogares que es tan común que los hermanos se peleen? Si bien puede haber un sinnúmero de razones por las cuales los hermanos se peleen una de las principales causas es por la simple evolución natural de los niños.  Cada etapa del crecimiento conlleva un aprendizaje intrínseco que, frecuentemente, hace entrar a los niños en conflicto con sus hermanos. Por ejemplo, a la edad de 2 años los niños buscan afirmarse a sí mismos, empiezan a querer hacer las cosas por si solos, a establecer que quieren y que no.  No es raro encontrarnos con un niño de 2 años queriendo comer solo, o diciendo a todo que no.  Estas son características propias de esta etapa evolutiva.  Si este niñito de 2 años tiene un hermano mayor que recibe un no como respuesta a su predisposición de ayudar a su hermano menor, puede que esto genere un conflicto entre ellos.  Por su parte, los niños en edad escolar que tienen un muy fuerte concepto de justicia.  Si estos niños en edad escolar ven que un hermanito menor pasa más tiempo con su mama pueden sentirlo como una injusticia y enojarse con su hermanito. Los adolescentes que están en una etapa de descubrimiento de su individualidad, y fortaleciendo su independencia pueden sentir como una amenaza el tener que realizar quehaceres del hogar con alguno de sus hermanos. 
¿Qué hacemos cuando nos encontramos frente a una pelea de nuestros hijos? El primer paso sería intentar calmar a los hermanos que se están peleando.  No es posible para los niños escuchar mientras estén embebidos en el enojo, furia, frustración.  De allí que es importante tomarnos unos minutos para que ambas partes se tranquilicen.  Una vez que el clima se sienta favorable para comenzar a hablar, deberíamos ayudarlos a que ellos mismos intenten encontrar una forma de resolver el conflicto.  Nuestra intervención aquí seria de facilitadores.  Si cada vez que hay un conflicto intervenimos inmediatamente ofreciendo soluciones no les enseñamos a aprender a resolver problemas por sí mismos.  Por ejemplo, si viene uno de los niños diciendo que el hermano mayor le pego decirle que vaya y que le diga que pegar duele, que no le pegue o si no le prestan un juguete que le pida por favor si cuando termina se lo puede prestar.  Con esto le estamos ensenando a protegerse y cuidarse a si mismo. Es cierto que en muchas circunstancias los padres tenemos que intervenir ya sea por seguridad o porque la diferencia de edad es muy grande y el más pequeño no puede defenderse aun.
Cuando tenemos que intervenir, una reacción muy común de los padres es hacerles preguntas a nuestros hijos intentando descubrir quién es el culpable de la pelea.  Estos padres se ponen como en un papel de policías intentando encontrar a quien tienen que castigar.  Esta búsqueda por castigar a alguien como el objetivo principal cuando ven pelear a sus hijos no suele ayudar a que las peleas disminuyan con el tiempo.  En lugar de buscar al culpable para sancionarlo ¿por qué no buscar una solución al problema? El primer paso sería acercarnos a los niños para entender no solo que paso sino sigue pasando.  Una vez que entendemos cual es el problema, el siguiente paso sería buscar una solución.  Parecería algo muy básico lo que estoy diciendo. Sin embargo, no es tan sencillo ponerlo en práctica.  Por ejemplo, dos hermanos se están peleando por el mismo juguete: la mirada de la búsqueda de la solución no es castigar a quien le saco el juguete al otro sino compartir el juguete o tomar turnos. Si un hermano molesta a otro, la mirada de búsqueda de solución no es castigar al que molesta sino tratar de entender al que molesta para saber qué le pasa y proponerle una conducta alternativa que no moleste.  La mirada de búsqueda de solución es una mirada que busca comprender más allá de lo explícito en la pelea y busca ofrecer alternativas satisfactorias para ambos. Idealmente, esta búsqueda de solución debería nacer de los niños.  Luego de entender lo que está ocurriendo, podemos preguntarles a nuestros hijos que se les ocurre a ellos que pueden hacer en esta situación de conflicto. En general, si suelen ser ellos quienes traen la solución las probabilidades que lo implementen en el futuro son mayores.  Desde chicos es importante involucrarlos en la búsqueda de soluciones preguntándoles que les parece, que pueden hacer diferente, que idea tienen al respecto, como podrían hacer para que tal o cual cosa no vuelva a ocurrir.  Este tipo de involucramiento les ensena no solo a sentirse escuchados y valiosos sino a empezar a ser responsables.   Esta responsabilidad que van aprendiendo es lo que va alimentando la autonomía y confianza en si mismos.
Para no incentivar las peleas entre hermanos en nuestro hogar podemos tomar ciertos recaudos.  Uno de ellos es no incentivar la rivalidad con comentarios como: “si tu hermana lo puede hacer tu deberías hacerlo,” o “mira como ya termino tu hermano,” o “¿a ver quién se viste primer?,” o “tu hermana a tu edad ya no usaba chupete.” Este tipo de comentarios lo único que genera es competencia entre hermanos.   Esto no quiere decir que no se los pueda comparar.  De hecho, la comparación resaltando diferencias y similitudes es algo inevitable.  Para conocer necesitamos observar y observar implica comparar.  Una cosa es comparar en forma descriptiva y otra muy diferente es comparar añadiendo un juicio de valor a la comparación.  Estela es rubia, Miguel es castaño, Esteban es más bajo que Martín, Pía corrió la carrera más rápido que Milagros. Todos estos son datos objetivos mensurables.  En cambio si decimos Lucia hizo un dibujo más prolijo o más lindo que Olivia, Pablo jugo mejor que Gastón,  estamos incorporando juicios de valor: prolijo, lindo, mejor.  Hay que tener mucha cautela al incorporar juicios de valor al referirse a los hermanos porque pueden incentivar la competencia entre ellos.  Otro recaudo que se puede tener en cuenta es que no vamos a poder ser justos con nuestros hijos.  Tener como objetivo querer ser justos nos va a llevar automáticamente al fracaso.  Un niño recién nacido requiere mucha más atención que un niño en edad escolar.  Un niño que está enfermo va a requerir más cuidados que un niño que está sano.  Un niño que tiene dificultades con las tareas escolares va a necesitar más ayuda que un niño que tiene facilidad para realizarlas.  Estas situaciones son injustas para el niño que está en edad escolar, el que está sano y el que tiene facilidad con la tarea.  Estos niños se sienten desplazados y, de hecho, lo están.  Les tenemos que transmitir  que entendemos que se sienten dejados de lado.  De esta forma les validamos su emoción.  Luego, les tenemos que enseñar que a pesar que hay muchas circunstancias injustas en las que se pueden sentir desplazados con razón, eso no significa que los hayamos dejado de querer.  Este es un momento para transmitirles cuanto los amamos porque están atravesando una circunstancia de vulnerabilidad.  Después de haberles expresado nuestro amor, el siguiente paso es explicarles que cuando ellos eran bebitos tenían nuestra atención permanente, cuando están enfermos o cuando tienen una dificultad van a ser nuestra prioridad.  Este es el mensaje que tienen que aprender, que aun en situaciones donde se puedan sentir desplazados no lo están.  Así es como les ensenamos que a pesar de la amenaza que puedan sentir en el contexto ellos siguen siendo amados y queridos.  Aprender este mensaje es lo que les va dando seguridad en sí mismos y la capacidad de atravesar circunstancias no favorables.  Un ejemplo muy cotidiano es al repartir porciones de torta que nos encontramos con comentarios como: “la porción de mi hermana es más grande”  Solemos responder: “no, son todas las porciones iguales.”  Las probabilidades que todas las porciones sean iguales es remota.  En lugar de dar esta respuesta podríamos decir: “si, veo, me parece que te molesta tener una porción mas pequeña” Validar la emoción del niño lo hace sentir considerado.  Desde este lugar de escucha, podemos luego buscar juntos alternativas a la situación, por ejemplo que pueda repetir otra porción.
Pasar tiempo en forma exclusiva con cada uno de nuestros hijos disminuye considerablemente las peleas entre los hermanos.  Estar solo con cada uno de nuestros hijos los hace sentirse especiales y les disminuye la competencia por obtener la atención de la madre o padre.  Si los padres pudieran en forma regular disponer de cierto tiempo para dedicarle a cada uno de sus hijos verían los resultados en forma inmediata.  No se trata de pasar largas horas con cada uno.  Basta con ir juntos al supermercado, o a ponerle nafta al auto o al banco o a llevar una carta al correo.  Pequeñas actividades entre madre e hijo/a o padre e hijo/a en forma exclusiva, es decir sin otro hermanito/a, marcan una gran diferencia en el clima del hogar.

Finalmente, tenemos que recordar que somos ejemplo para nuestros hijos.  La forma en la que nosotros mismos, como padres adultos, resolvemos los conflictos que tenemos con nuestra pareja, familiares y amigos es también parte de la enseñanza que les damos a nuestros hijos.  Si cuando tenemos un problema con alguien, levantamos la voz y mostramos una actitud intolerante esto es lo que estaremos enseñando.  Por el contrario, si sabemos dialogar y mantener la calma aun cuando estamos en desacuerdo con alguien estaremos mostrando un ejemplo que, muchas veces, enseña más que mil palabras.  Educar con el ejemplo es una forma de instrucción que, aunque sea difícil ver su impacto inmediato, es una enseñanza efectiva, duradera y de largo plazo. 

Suicidio en los adolescentes


Entrevista sobre "Suicidio en los Adolescentes" por Noticiero Telemundo 47 Primera Edicion







Adolescentes y la droga

La Adolescencia es una etapa sumamente difícil para nuestros jóvenes. La adolescencia es una etapa de transición entre la niñez y la adultez. Por lo tanto, los jóvenes todavía necesitan asistencia y cuidado pero también libertad y autonomía.  Durante la adolescencia, los jóvenes comienzan a probar nuevas formas de vestirse, de actuar, de relacionarse.  Es una etapa de descubrimiento de ellos mismos.  En esta etapa van descubriendo qué tipo de hombres o mujeres van a llegar a ser.  De allí que sumamente complejo para los padres acompañar a los adolescentes en este proceso.  Existe una constante duda entre hasta donde dejarlos solos y hasta donde intervenir.  La realidad es que no hay una respuesta para estas dudas.  Cada padre ira buscando el balance entre darle libertades para que comiencen a explorarse a sí mismo y mantener un adecuado control que vele por su seguridad.  Este balance será más sencillo alcanzarlo si se lo busca conjuntamente con su hijo adolescente. Esto quiere decir que, como padres, no deberíamos tomar una actitud autoritaria o dictaminar las reglas a seguir sino buscar junto a nuestros jóvenes los caminos posibles.  Esto implica tener un dialogo permanente con nuestros hijos.  Se trata de conocerlos, de escucharlos, de entenderlos, de tomarnos el tiempo para descubrirlos.  Queriendo descubrir a nuestros adolescentes es como los ayudamos a descubrirse a sí mismos.  Al ayudarlos a descubrirse a sí mismos, aprendemos a conocerlos y a entenderlos más.  Como padres, vamos aprendiendo a ver a nuestros hijos como personas distintas a nosotros, con su propia personalidad. De la misma manera que los vamos descubriendo a ellos, vamos generando oportunidades para que ellos también nos conozcan más a nosotros, que descubran nuestros valores, principios, maneras de ser.  En este dialogo permanente van apareciendo similitudes y diferencias, miedos, deseos, ambiciones, inhibiciones.   Simplemente, nos vamos conociendo y honrando nuestras formas de ser.  En un contexto de respeto por el otro, ese facilita la busca de este balance entre libertades y límites.
Muchos adolescentes al no haber descubierto una motivación, una inquietud, una actividad que los inspire, una tarea que los haga sentirse útiles, se sienten sin rumbo.  Si además de sentirse sin rumbo, se sienten que en el contexto donde viven no hay permiso para sus dudas, sus miedos, su estar perdido, esto incrementa su desconcierto. No es raro pensar que este adolescente se sienta aislado y temeroso. Aislado porque no siente la confianza suficiente para compartir sus dudas o incertidumbres y temeroso porque no sabe cómo continuar desde este lugar.  Son situaciones de este tipo las que favorecen a nuestros adolescentes a inclinarse por la droga (ilícita o recetada). La droga, en estas circunstancias, es una alternativa a salir de la situación en la que se encuentran y, momentáneamente, lo logra.  Sin embargo, los adolescentes que eligen la droga están pidiendo a gritos aceptación de sus miedos, de sus dudas, de sus imperfecciones.  Independientemente que nuestro hijo o hija este o no atravesando una situación crítica como la descripta, como padres, necesitamos crear espacios de escucha. No espacios para que nuestros hijos nos escuchen a nosotros sino espacios para nosotros escucharlos a ellos, para comprenderlos y, como dije antes, más importante aún, para descubrirlos. No permitamos que el vacío que sientan lo llenen las drogas.  

viernes, 11 de abril de 2014

Sexualidad en la Adolescencia

Los padres tenemos la obligación de educar a nuestros hijos respecto a la sexualidad.  Muchos padres se sienten incómodos o no saben cómo abordar el tema dejando a sus hijos vulnerables en este terreno.  Lo que puede ocurrir es que acaben siendo informandos por personas que no tienen el mejor interés para ellos y terminen engañados o mal aconsejados.  Si esta situación ocurre estaremos en un problema mucho más grave que el que teníamos originariamente que era educarlos sobre sexualidad.  Los padres no podemos desligarnos de nuestras responsabilidades.  Para muchos padres es un tema difícil de abordar pero esto no es excusa para no tomar el rol de educadores que nos corresponde. 

¿Cuándo está listo un adolescente para perder su virginidad?  Si bien no hay una edad adecuada para perder la virginidad, si hay consideraciones a evaluar para saber si nuestros jóvenes están preparados para dar este paso significativo.  Tener relaciones sexuales puede resultar en contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS) causadas por bacterias, parásitos o virus.  Las ETS son infecciones que se adquieren por tener relaciones sexuales con alguien que este infectado.  Si el adolescente padece de ETS causado por bacterias o parásitos, se puede tratar con antibióticos u otros medicamentes.  Si padece de ETS causado por un virus, no hay curación.  Adicionalmente, tener relaciones sexuales puede causar embarazos no deseados.  Por consiguiente, si el adolescente no está capacitado de tomar las medidas necesarias para evitar contagiarse de ETS o evitar un embarazo, claramente no está preparado para tener relaciones sexuales.
El tema de control de ETS y embarazos es solo el primer paso a evaluar.  El siguiente paso es evaluar la madurez emocional del adolescente.  Los adolescentes están en proceso formación.  Se encuentran en una etapa de sus vidas donde están explorando formas de vivir y valores distintos a los conocidos en su hogar.  Comienzan a dudar de lo que creían cuando eran pequeños.  De allí que experimentan dudas, inseguridades, presiones, incertidumbres propias del proceso.  Como consecuencia de este proceso de maduración, los adolescentes suelen no ser conscientes de sus inseguridades, por consiguiente, puede confundir los motivos por los cuales quiere tener relaciones sexuales. Concretamente, pueden no ser conscientes que las verdaderas razones subyacentes de su motivación por tener relaciones sexuales sean sentirse seguros, poderosos, valientes, que pertenecen, populares.  Ninguna de esas razones es una razón adecuada por la cual tener relaciones sexuales.  Peor aún, si el adolescente tuviera relaciones sexuales motivado por cualquiera de esas razones, se alejaría aun de su objetivo de sentirse popular, valiente, audaz, canchero, poderosos. Por el contrario, incrementaría sus inseguridades.  De alli que es fundamental que dialoguemos con nuestros hijos.  Tenemos que conversar sobre este tema para ayudarlos a elegir.  No queremos que nuestros hijos vivan una experiencia sexual no deseada a una temprana edad porque puede dejarles huellas irreparables.
Otro aspecto a tener en cuenta respecto a cuándo tener o no relaciones sexuales son los valores, las creencias, los principios de los padres.  Hay padres que consideran que es importante esperar a tener relaciones sexuales hasta el matrimonio, otros piensan que sus hijos deberían tener relaciones sexuales con alguien con quien hayan cultivado una relación de amor y el respeto.  Cualquiera sea el motivo por el cual los padres valoran que sus hijos esperen a tener relaciones sexuales, tienen que comunicárselo claramente a sus hijos.   El dialogo que los padres tienen que tener con sus hijos debería basarse en explicarles las razones positivas por las cuales los padres sostienen una determinada postura.  No es recomendable y es hasta contraproducente, criticar otras posturas. Si los padres pueden explicarles, sin imponer, los aspectos positivos que hay detrás de su punto de vista mostrándoles los beneficios de dicha mirada es posible que sus hijos puedan entenderlos y, eventualmente, incorporar esta misma postura como propia.  Concretamente, se les puede explicar lo que significa para los padres el compromiso del matrimonio o el  marco que brinda tener una relación estable con alguien.  Tambien se les puede explicar que lleva tiempo cultivar una relacion de cariño, cuidado y respeto y la importancia de contar con una relación con estas características antes de tener relaciones sexuales. 

Si bien tenemos que dialogar e ir mostrándoles el camino que para nosotros es el adecuado, también tenemos que recordar que nuestros hijos no son adultos todavía, están en proceso de maduración.  Por las consecuencias que la sexualidad puede traer, es crítico que los padres supervisen y monitoreen a sus hijos adolescentes permanentemente.  Puede ser que sus hijos se sientan molestos al ser controlados pero esta no es excusa para los padres para no hacerlo.  Los padres tienen que poder responder en cualquier momento del día donde están mis hijos, con quien están y que están haciendo.  Finalmente, los padres no tienen que olvidarse en hacer sentir especiales a sus hijos.  Esta es una tarea que tenemos que hacer día a día.  ¿Es nuestra casa el hogar de nuestros hijos? ¿Reciben nuestros hijos ese calor de bienvenida cada vez que llegan a su casa? ¿Es nuestra casa un espacio donde nuestros hijos descansan de presiones, competencias y exigencias exteriores?  Cuidemos que nuestro hogar sea el refugio para nuestros hijos, que sea ese lugar que los abraza cada vez que llegan, que sea ese espacio donde se sienten mirados, escuchados, entendidos.  Si este es el ambiente que les estamos brindando a nuestros hijos es muy probable que nos escuchen, que nos pidan ayuda.  No queremos que nuestros hijos queden a la merced de personas desconocidas que no tienen el mejor interés de ellos.

Adiccion a la tecnologia

Entrevista sobre "Adiccion a la tecnologia" en el programa televisivo Buenos Dias Nueva York por Telemundo 47


Los adolescentes y el estres

Hoy en día los adolescentes tienen que vivir situaciones de mucha presión. Los colegios son cada vez más exigentes dado que buscan tener ex-alumnos estudiando en las mejores universidades. El ingreso a las universidades es sumamente competitivo.  De hecho, los adolescentes cada vez empiezan a prepararse antes para rendir los exámenes de ingreso.  A esto se suma la presión social que viven los adolescentes donde  el pertenecer a un grupo y destacarse son valores sumamente buscados por ellos y esto genera una gran presión.
El adolescente esta en proceso de desarrollo, buscándose a si mismo, descubriendo sus capacidades, probando hasta donde puede, investigando que le gusta.  Mientras el adolescente esta en este proceso de desarrollo tiene que cumplir con presiones y obtener resultados concretos que se les exige.  El adolescente sigue siendo un niño en muchos aspectos teniendo que responder como adulto.  El adolescente tiene que liderar con el mundo exterior de la forma que lo hacen los adultos pero sin contar todavía con los recursos emocionales y de maduración que los adultos tienen. Esta situación es sumamente estresante para estos jóvenes.
El estrés puede impactar no solo cuestiones físicas dado que se deteriora el sistema inmunológico sino también patrones de conducta.  El adolescente si no toma medidas de cambio respecto al estrés que vive corre el riesgo de sistematizar patrones de conducta no saludables para enfrentar situaciones de presión. La adolescencia debería ser vivida como la oportunidad para aprender a manejarse en el mundo adulto real.
Los padres deberían monitorear a sus hijos observando si ven signos que podrían indicar que sus hijos tienen estrés. Primero, deberían observar su estado físico, evaluar si están durmiendo y descansando lo suficiente, si están comiendo sano, si tienen síntomas físicos (dolor de cabeza, estomago). Luego, observar su calidad de vida, si tienen vida social y si tienen una vida activa. Por último, observar su estado de ánimo, si los ven nerviosos, ansiosos, tristes.  Todos estos pueden ser signos indicativos que su hijo esta estresado.  Más allá de monitorear a los adolescentes, es importante el dialogo dado que los padres pueden darse cuenta claramente si su hijo tiene estrés a través de lo que comunican.  Un adolescente con estrés va a hablar de sentirse presionado, de no poder dormir, de no querer salir a ver a sus amigos, de estar nervioso, con dolor de cabeza, etc.. Basta que prestemos atención a lo que nuestros adolescentes dicen para darnos cuenta como se están sintiendo.
Los padres pueden ayudar a los adolescentes empezando por facilitarles lograr una agenda balanceada.  Antes que nada, si los hijos adolescentes tienen una agenda más ocupada que los padres, estamos frente a un problema a corregir.  Tenemos que ayudarlos no solo con sus responsabilidades sino también a encontrar momentos de diversión y disfrute. También ayudarlos a tener una dieta saludable, descanso suficiente, vida activa y vida social. Por último, los padres deberían ayudar a los adolescentes a transitar los momentos de fracaso o decepciones.  La forma en que los padres acompañen a los adolescentes en estos momentos es clave.  Muchos adolescentes ante la adversidad tienden a tener pensamientos negativos para consigo mismo como por ejemplo: "yo no sirvo, yo no puedo, nada me sale, etc." Los padres tenemos que intervenir para evitar este tipo de dialogo interno negativo.  Tenemos que evitar estas generalizaciones negativas tan típicas de muchos adolescentes, algunas de las cuales tienen su origen en una exigencia desmedida de los padres.  Los adolescentes van a vivir situaciones de fracaso y, es allí, donde tenemos que ensenarles a enfrentar situaciones adversas.  La vida nos va a traer situaciones adversas en algún momento, como padres, es nuestro rol preparar a nuestros hijos para que puedan manejarlas con calma y no con estrés. Una situación en la que los resultados obtenidos no fueron los deseados no es más que una oportunidad para revisarla, evaluarla y determinar que se puedo haber hecho distinto.  Estas situaciones difíciles tienen que servir para que el adolescente salga fortalecido de dicha situación habiendo aprendido una lección para el futuro y no debilitado, abatido e inseguro.  Tenemos que dejarles muy en claro a nuestros adolescentes que un fracaso no los vuelve personas fracasados, que la perfección no existe y que la vida se trata de recuperarse de las caídas y no de pretender nunca caerse.   

Entrevista sobre "Adolescentes y el Estres" por Noticiero 47 Primera Edicion