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Elvira Medus es Psicoterapeuta Humanista que provee acceso simple y sencillo al mundo psicológico tratando temas cotidianos escenciales. Elvira Medus busca fortalecer las familias y mejorar la comunicación de los padres con sus hijos por medio de estrategias prácticas y útiles que favorecen la crianza de hijos responsables, considerados y seguros de sí mismos.
viernes, 22 de enero de 2016
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Sign up NOW for a one-day workshop:
"The Empathic Dilemma: The Path to Professional Success"
Date: Saturday, January 23, 2016
Time: 9:00 a.m. – 5:00 p.m.
Location: Columbia School of Social Work, Room C06
Speakers/Facilitators (learn more):
Elvira Medus (LCSW), alumna (MSW'08) & humanistic psychotherapist
Mark Rodgers (MSc), Rogerian-trained psychotherapist
Gerti Schoen (LP, MA), person-centered psychotherapist
**6.5 contact hours available for NYS-licensed social workers**
The Empathic Dilemma:The Path to Professional Success
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January 23, 2016
6.5 contact hours are available for NYS Licensed Social Workers
$300 single; $275 each for groups and alumni
Empathy is one of the most widely-discussed skills in the modern workplace, but exactly what is it? What is the difference between empathy and sympathy? What is too much empathy? How can we get in touch with our own innate empathic abilities and become more effective professionals?
In this experiential workshop, we will explore and develop our understanding of empathic listening and response based on the teachings of Dr. Carl Rogers, widely regarded as the most influential American psychologist of the twentieth century. Dr. Rogers was the first psychologist to throw away diagnostic labels, preferring instead to freely explore the rich internal worlds of his clients, empathically helping them to arrive at their own process of self-healing. Empathy was one of the three core conditions that Rogers maintained were ‘sufficient and necessary’ for therapeutic growth. In his lifetime, Rogers used the concept of empathy in the broadest possible sense and was even involved in international peace talks where he was able to help often warring-parties listen to and understand the perspective of the ‘other side’.
In this experiential workshop participants will
- Understand and recognize concept of empathy from a Person-Centered theory and practice perspective.
- Distinguish sympathy from empathy – the former being more about ‘us’, the latter about our clients’ lives and experiences.
- Distinguish between "optimal empathic attunement" and giving too much of yourself
- Incorporate empathy into professional practice, learning how to manage conflict and affect client-driven growth.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Carl Rogers: su legado
Presentación Académica de Carl Rogers
Un panel de expertos presenta las ideas del psicologo Estadounidense mas influyente en el ambito psicologico y fundador del enfoque psicologico Humanista. La presentacion tendra lugar en la Universidad de Columbia - Escuela de Social Work, New York City.
Miercoles 10 nde Diciembre 12:10pm.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Los jovenes y la autoflagelacion
La autoflagelación es un tema sumamente alarmante y
aterrador para los padres. La autoflagelación no es un intento de suicidio. La
autoflagelación es una forma de auto lastimar el cuerpo se ya sea con cortes,
quemaduras, golpes, arañazos. Las zonas que los jovenes se lastiman con mayor frecuencia
son brazos, muñecas, piernas y tobillos aunque también pueden lesionar otras
partes del cuerpo. Para lastimarse a sí
mismos suelen utilizar cuchillos, tijeras, agujas, fuego, afeitadoras o
cualquier instrumento cortante.
La pregunta más frecuente de los padres es por qué recurren los jóvenes a esta práctica. La respuesta a esta pregunta es muy difícil de comprender. Estos adolescentes están atravesando sentimientos de profundo dolor, tristeza, soledad, incomprensión y no encuentran forma de aliviar este tormento interno. Al causarse daño físico, el dolor fisico se hace presente "tapando" el dolor interno momentanemante. Podriamos decir que, de alguna manera, cambian el dolor interno emocional por el dolor exterior físico. El dolor fisico pareceria, entonces, "aliviarles" el dolor emocional porque mientras sienten el dolor fisico se "olvidan" de su dolor interno. El dolor físico es más tolerable que el interno. El daño físico exterior no es más que un reflejo de lo que estos adolescentes está viviendo internamente.
La pregunta más frecuente de los padres es por qué recurren los jóvenes a esta práctica. La respuesta a esta pregunta es muy difícil de comprender. Estos adolescentes están atravesando sentimientos de profundo dolor, tristeza, soledad, incomprensión y no encuentran forma de aliviar este tormento interno. Al causarse daño físico, el dolor fisico se hace presente "tapando" el dolor interno momentanemante. Podriamos decir que, de alguna manera, cambian el dolor interno emocional por el dolor exterior físico. El dolor fisico pareceria, entonces, "aliviarles" el dolor emocional porque mientras sienten el dolor fisico se "olvidan" de su dolor interno. El dolor físico es más tolerable que el interno. El daño físico exterior no es más que un reflejo de lo que estos adolescentes está viviendo internamente.
Esta práctica es sumamente grave por las consecuencias
que acarrea. Desde el punto de vista físico, estos adolescentes se están
exponiendo a riesgos de infecciones o enfermedades bacterianas. Desde el punto
de vista emocional, estos niños sienten mucha vergüenza por lo que hacen y por
sus marcas en el cuerpo llevándolos a aislarse cada vez mas de la
sociedad. Adicionalmente, esta práctica
encierra el peligroso riesgo de transformarse en una adicción. Las adicciones
tienen la característica de proveer un
aparente beneficio de corto plazo. Es este beneficio de corto plazo lo que hace
que las personas adictas continúen con la adicción. Tal es el caso de drogas,
cigarrillos, alcohol. En el caso de la autoflagelación, la dinámica es similar. El adolescente al lastimarse puede por un momento “correrse” de la pesadilla
interna que está viviendo. De allí, que estos adolescentes tienden a generar
una adicción con esta práctica siendo extremadamente difícil erradicarla.
Los padres que sospechan que sus hijos o hijas se
están auto lastimando, deben observar con mucha atención si se aíslan
frecuentemente, si encuentran manchas de sangre en su ropa, si usan
permanentemente mangas largas aun en días calurosos. Los padres que saben que sus hijos o hijas se
auto agreden, deben, primero, consultar a un médico para evaluar las heridas y,
luego, comenzar un proceso psicológico urgente. Este proceso psicológico que el
adolescente va a comenzar no va a ser ir al psicologo solo un par de sesiones. No estamos en
presencia a una situación donde la niña o el niño esta queriendo llamar la
atención. Estamos frente a un problema sumamente grave que requiere una terapia
psicológica de largo plazo. Adicionalmente, la familia tiene que prepararse a iniciar una terapia
psicológica familiar. Se requiere del
involucramiento de toda la familia en este proceso si realmente se quiere
ayudar a salir a este niño o niña de esta situación tan dolorosa. Por último,
los padres y familiares tienen que acompañar el proceso con un corazón abierto
dispuesto a no juzgar, a comprender y empatizar porque estos niños están
sangrando mucho más por dentro que por fuera.
lunes, 3 de noviembre de 2014
sábado, 27 de septiembre de 2014
Abuso Infantil
Elvira Medus compartió recomendaciones para evitar lo que muchos consideran una práctica disciplinaria.
Influencia de los Medios de Comunicacion
Entrevista por Noticiero 47 respecto al impacto del Marketing, especialmente en los adolescentes.
lunes, 11 de agosto de 2014
Como enfrentar la ansiedad del regreso a las clases
Se acerca el
comienzo de clases y los padres se preguntan como preparar a los niños para
esta nueva etapa. En el caso de los padres con niños pequeños, las
preguntas giran en torno al proceso de separación. Respecto a este proceso, los padres tienen
que saber que todo lo que ellos sientan es absorbido por sus hijos. De allí que si sienten que están nerviosos
por dejar a su niño o ansiosos asi es cómo se terminará sintiendo su niño. El primer paso a seguir para los padres es ser
conscientes de cómo le está afectando este proceso de separación. Darse cuenta de sus miedos, dudas,
incertidumbres e intentar correrlas al momento de iniciar la separación. Los niños necesitan sentir que nosotros
estamos bajo control. No les podemos
transmitir a ellos nuestros miedos. Una
vez que creemos estar en un lugar de confianza para iniciar este proceso
podemos comenzar con la adaptación. El
proceso de adaptación es un proceso paulatino y gradual. Los niños tienen que adaptarse a un nuevo
entorno, a nuevas caras y a una nueva rutina.
Esta adaptación no se da de un día para el otro. Se requiere disponibilidad de tiempo y mucha
paciencia. Es recomendable que sea el padre
quien lleve al niño a la escuela durante este período. El vínculo del niño con la madre podría ser muy
estrecho complicando la separación.
Para el caso de
niños que ya han ido a la escuela anteriormente y que ahora retoman las clases
las preocupaciones son otras. Estos
niños pueden manifestarse nerviosos o ansioso por esta nueva etapa. Los padres tienen que explicarles que esto es
común dado que es una etapa desconocida.
Sus hijos no van a ser los únicos sintiéndose de esa forma. Lo desconocido genera miedo por no saber qué
esperar. De allí que todo lo que esté a
nuestro alcance para familiarizarlos con esta nueva etapa los ayudara a
encontrar calma. Si no conocen la
escuela, es importante llevarlos a que la conozcan, visiten a los nuevos
maestros, recorran el trayecto de la casa a la escuela. Si hace tiempo que no ven a sus compañeritos,
organicen alguna actividad con ellos la semana anterior a iniciar las clases y,
de ser posible, durante la primera semana también. Reconectarse con sus compañeritos los ayudará
mucho a sentirse seguros al volver a clase. Por último, los padres deberían intentar estar
más presentes que lo común durante esta primera semana de clases. Recuerden que la primera semana de escuela puede
ser muy estresante para los niños.
Respecto a las tareas escolares, el primer
paso es establecer un lugar físico para que los niños puedan realizar sus
tareas escolares. Si los niños son
pequeños el lugar físico debería ser cerca de donde están los adultos dado que
sus tareas requieren supervisión: cocina o comedor diario. En el caso de los niños más grandes, se debe
disponer de un espacio que se pueda aislar para no tener interrupciones,
silencioso, cómodo, con muy buena luz. Así
como en cada casa hay un comedor para comer y un dormitorio para dormir debería
haber un escritorio para estudiar si es que esto es una prioridad en la
familia.
Finalmente, para
estimular el estudio en el hogar es recomendable establecer un horario diario
en el que la familia se reúna para “ejercitar el cerebro.” La idea con este espacio es que cada uno en
forma independiente traiga algo que quiera para ejercitar su cerebro. Los niños que tienen tarea bien pueden traer
la tarea a este espacio. De esta forma,
la familia se reúne con un fin común que es estudiar o capacitarse. Uno de los beneficios de este formato es que
estamos enseñando mediante el ejemplo: los padres también se sientan a hacer
algo intelectual mostrando la importancia que esta práctica tiene. El otro beneficio es que si los niños
requieren asistencia estamos al alcance de la mano para ayudarlos. De esta forma, promovemos el estudio en la
vida de nuestros hijos. Más importante aún,
cambiamos la lucha contra la tarea escolar por una actividad familiar de gran
valor. Ahora bien, es importante que si
los niños no tienen tarea escolar que este espacio se mantenga. De lo contrario será un espacio asociado a
realizar la tarea escolar y ese no es el propósito.
A continuacion, Entrevista sobre Como Enfrentar la Ansiedad del Regreso a Clases por Noticiero 47 Primera Edicion
.
miércoles, 25 de junio de 2014
Bullying o Acoso Escolar

El bullying es una forma
de maltrato que se da en las escuelas entre nos niños. Este maltrato
puede ser psicológico, verbal o físico. Se caracteriza por darse en forma
constante a lo largo del tiempo. Si bien hay un sin número de razones por
las cuales esto puede ocurrir, las más comunes son por cuestiones de apariencia
o de status social. Los padres tienen que estar muy atentos a estas
circunstancias, especialmente porque los niños que están siendo maltratados
tienden a no querer hablar del tema. Estos niños sienten que no van a ser
comprendidos, que van a ser juzgados como débiles o cobardes, creen que los van
a rechazar o hasta a castigar por lo que les ocurre. Adicionalmente,
tienen mucho miedo a las represalias si llegan a hablar. De allí, que los
padres tienen que prestar mucha atención a los cambios emocionales y de
conducta de sus hijos. Los padres tienen que escuchar entre líneas a sus
hijos, no quedarse solo con lo que ellos verbalizan. Si los ven ansiosos,
nerviosos, preocupados, si escuchan que no quieren ir a la escuela, si observan
conductas autodestructivas (fumar, tomar, etc.), lesiones en su cuerpo o cambios
de hábitos alimenticios o en el dormir, estamos en presencia de alertas que no
podemos ignorar. Cualquiera de estas circunstancias son señales que
tenemos que evaluar. Para lo cual, debemos conversar con nuestros hijos.
El primer paso antes de hablar con ellos es concientizarnos que el tema
que vamos a hablar es un tema doloroso para nuestros hijos. Nuestros
hijos están sufriendo. No necesitan retos, ni juicios, ni críticas.
Debemos acercarnos a ellos con un corazón empático, transmitiéndoles que
entendemos lo que les pasa que queremos ayudarlos. El segundo paso, es
actuar. No basta con conversar con ellos. Tenemos que intervenir
involucrando a la escuela. Este tipo de conflicto no lo van a poder
resolver los padres solamente. La realidad es que los padres no van a
estar en la escuela para cuidar de su niño. De allí que es imperioso
contactarse con la escuela para armar un plan en forma conjunta.
Simultáneamente, los
adolescentes tienen que saber que la ignorancia es una estrategia a seguir
cuando están siendo maltratados. Es importante que no entren en
conversaciones, discusiones verbales o altercados físicos con quienes los están
agrediendo. Además, tienen que buscar rodearse de amigos sinceros y
honestos. En caso que no tengan amigos, que comiencen a realizar
actividades donde puedan conocer y conectarse con otros chicos. Es muy
importante que no anden solos, especialmente en la escuela. Por último,
que practiquen ganar confianza en ellos mismos. Para ganar confianza en
uno mismo, hay que sentirse a gusto. La pregunta que los adolescentes
tienen que hacerse es: "que cosas me hacen sentir bien?" Responder a
esta pregunta y hacer algo al respecto. Si le gusta tocar la guitarra que
comience clases de guitarra, si le gusta bailar que se anote en una clase de
danza, zumba, jazz, si le gustan los deportes que se anote en algún club
cercano, si le gusta pintar que participe de talleres de arte, si les
gusta leer que participen de una biblioteca y de reuniones de lectura.
Hacer algo que nos gusta nos hace sentir bien y sentirnos bien nutre nuestra
confianza. La confianza que nuestros hijos tengan en ellos mismos es una
de las mejores formas de prevenir maltratos.
A continuación la Entrevista sobre este tema por Noticiero 47 - Primera Edición:
martes, 17 de junio de 2014
Como la television afecta a nuestros hijos?
Cada dia vemos en las noticias noticias
violentas que asustan, desconciertan y nos dejan sin explicaciones para dar a
nuestros hijos. No sabemos como responder a a las preguntas de nuestros hijos
porque ni siquiera nosotros logramos comprender el por qué de dicha violencia.
Nuestros niños suelen pensar que lo que vieron en la televisión puede pasarles
a ellos. De alli, que nuestro rol como padres es transmitirles seguridad. No
podemos dejar que nuestros hijos sientan que viven en un entorno hostil,
aterrador, confuso. Sentir que viven en un dicho contexto los atemorisa,
confunde y peor aun, los vuelve insensibles al dolor ageno y carentes de
empatía para con los demás. En cualquiera de estas circumstancias negativas,
hay siempre acciones positivas ocurriendo al mismo momento: personas que ayudan
en momentos de accidentes (enfermeros, médicos), personas que arriesgan su vida
por otros (bomberos), grupos de personas que caritativamente alivian en momento
de catástrofes naturales, etc.. Como dijo Abraham Lincoln, no todos los hombres
son justos, no todos son verdaderos pero para cada villano hay un héroe, para
cada egoísta también hay un lider dedicado. Estos momentos de adversidad son
tambien oportunidades para conversar con nuestros hijos sobre valores como la
generosidad, la caridad, la filantropia, la empatia. De esta forma,
transmitimos que el mundo puede tener enemigos pero que por cada enemigo,
encontraremos tambien amigos.
A
continuacion, la entrevista que tuve por Noticiero Telemundo 47 - Primera
Edicion para ampliar este tema:
miércoles, 16 de abril de 2014
Comportamiento Rebelede
Entrevista sobre Comportamiento Rebelede de los Jóvenes por Noticiero 47 Primera Edicion
lunes, 14 de abril de 2014
Niños independientes
Uno de los
objetivos de los padres respecto a sus hijos es criar individuos que el día de
mañana sean responsables y autónomos.
Estas cualidades no se desarrollan de un día para el otro. Ensenar a ser independientes es un proceso
que comienza desde que el niño nace.
Cuando facilitamos demasiado las tareas a nuestros hijos, estamos no
solo perdiendo la oportunidad que nuestros niños aprendan a ser autónomos sino
que además, estamos transmitiéndoles el mensaje que “dudamos” de su capacidad
para realizar dicha tarea. Ayudar a
nuestros hijos a realizar una tarea que tienen dificultad es algo muy distinto
a facilitarles el camino para que ellos no tengan que esforzarse. Si sabemos que nuestros hijos pueden realizar
una determinada tarea entonces no hay razón por la cual ellos no puedan hacerla
por si mismos. Al dejarlos resolver a ellos
les estamos enseñando a autoabastecerse, por consiguiente, a sentirse capaces
de resolver una tarea. Esta capacidad
que van viendo desarrollar dentro de ellos al ir pudiendo hacer las tareas es
lo que va alimentando la confianza en sí
mismos. A medida que los niños van
sintiéndose con más confianza van animándose a realizar más tareas, inclusive
aquellas que pueden parecer más difíciles.
Es la confianza la que los va estimulando a dar nuevos pasos, a animarse
a entrar en terrenos menos familiares.
Los niños con mayor confianza en sí mismos son menos temerosos a los
cambios, a lo nuevo, adaptándose más fácilmente a las transiciones.

Dejar a nuestros hijos que se sirvan solos la leche, que se vistan solos, que coman solos, que guarden los juguetes, muy probablemente va a significar que después los padres van a tener que limpiar la leche derramada, volver a vestirlos, limpiar la comida que ensuciaron y reordenar los juguetes. De allí que muchos padres prefieren hacer las cosas ellos mismos en lugar de dejar hacérsela a sus hijos. Si bien es cierto que si estas tareas las hacen los padres, muy posiblemente, se harán más rápidamente y mejor, pero el costo es que estaremos generando dependencia. De la misma forma que cuando dejamos hacer a nuestros hijos estimulamos un círculo virtuoso (dejar hacer desarrolla capacidad, capacidad genera confianza, confianza alimenta la autoestima), cuando hacemos cosas por ellos sabiendo que ellos las podrían hacer estimulamos un círculo vicioso: al hacer las cosas por ellos no desarrollan capacidad para poder hacerlas solos, la incapacidad genera desconfianza en ellos mismos, la desconfianza alimenta inseguridad. Por consiguiente, para dejar de facilitarles las tareas a nuestros hijos hay que comenzar por a darles la oportunidad que hagan las cosas sin el apuro de terminar la tarea y sin la exigencia de realizarla eficazmente. La urgencia y la eficacia en la ejecución de determinadas tareas son obstáculos para el aprendizaje de nuestros niños.

Dejar a nuestros hijos que se sirvan solos la leche, que se vistan solos, que coman solos, que guarden los juguetes, muy probablemente va a significar que después los padres van a tener que limpiar la leche derramada, volver a vestirlos, limpiar la comida que ensuciaron y reordenar los juguetes. De allí que muchos padres prefieren hacer las cosas ellos mismos en lugar de dejar hacérsela a sus hijos. Si bien es cierto que si estas tareas las hacen los padres, muy posiblemente, se harán más rápidamente y mejor, pero el costo es que estaremos generando dependencia. De la misma forma que cuando dejamos hacer a nuestros hijos estimulamos un círculo virtuoso (dejar hacer desarrolla capacidad, capacidad genera confianza, confianza alimenta la autoestima), cuando hacemos cosas por ellos sabiendo que ellos las podrían hacer estimulamos un círculo vicioso: al hacer las cosas por ellos no desarrollan capacidad para poder hacerlas solos, la incapacidad genera desconfianza en ellos mismos, la desconfianza alimenta inseguridad. Por consiguiente, para dejar de facilitarles las tareas a nuestros hijos hay que comenzar por a darles la oportunidad que hagan las cosas sin el apuro de terminar la tarea y sin la exigencia de realizarla eficazmente. La urgencia y la eficacia en la ejecución de determinadas tareas son obstáculos para el aprendizaje de nuestros niños.
Adicionalmente,
resolver por nuestros hijos fomenta un concepto llamado falso sentido de los
derechos. Los niños que viven en un
ambiente donde se les facilitan permanentemente las cosas, se los protege
demasiado, se los apaña, o se les evita tener que luchar con
dificultades del mundo real van
desarrollando una creencia que el mundo es como ese ambiente que han creado
para ellos. El problema con esta
creencia es que cuando estos niños se van haciendo adultos, se convierten en
hombres o mujeres que exigen. Estos
hombres o mujeres exigen a sus parejas o amigos que se les continúe resolviendo
los problemas. Estos hombres o mujeres
han crecido pero no han madurado, siguen siendo niños con la creencia que el
mundo tiene que seguir girando alrededor suyo.
Dejar hacer
a los hijos, implica no solo tener que lidiar con el trabajo que es enseñar a hacer
las tareas a los niños sino que además, es tener que lidiar con las emociones
que este proceso despierta a los padres.
Muchos padres sienten frustración, enojo, cansancio cuando después de
enseñarles cómo tienen que hacer una tarea, sus hijos la hacen mal, o no como
se les pedía, o ensucian y rompen algo en el camino y el padre tiene que
terminar haciéndola él mismo por completo.
El trabajo de ser padres puede ser frustrante. En estos momentos, es importante no hacerlos
sentir mal por la forma en la que hicieron la tarea. Frases como “¿cómo es posible que tiraste
toda el agua al piso o rompiste el plato o manchaste el pantalón nuevo?”, no
solo inhiben al niño sino que no lo ayudan a realizar la tarea de otra forma la
próxima vez. Si queremos que los niños
aprendan del proceso para que la próxima vez tengan más recursos para poder
resolver la situación de forma distinta podemos decir: “Esteban, tiraste toda
el agua al piso o rompiste el plato o manchaste el pantalón nuevo, ¿Qué te
parece que podes hacer la próxima vez para evitar que esto suceda?” Este tipo
de preguntas, obligan a los niños a ponerse en el problema y a pensar en una
solución. Cuando las propuestas nacen de
los niños hay mayores chances que las incorporen y que las pongan en práctica
alimentando su responsabilidad y autonomía.
Entrevista sobre "Niños Independientes" en el programa televisivo Buenos Dias Nueva York por Telemundo 47
Entrevista sobre "Niños Independientes" en el programa televisivo Buenos Dias Nueva York por Telemundo 47
Peleas entre hermanos
¿Qué ocurre
en los hogares que es tan común que los hermanos se peleen? Si bien puede haber
un sinnúmero de razones por las cuales los hermanos se peleen una de las
principales causas es por la simple evolución natural de los niños. Cada etapa del crecimiento conlleva un
aprendizaje intrínseco que, frecuentemente, hace entrar a los niños en
conflicto con sus hermanos. Por ejemplo, a la edad de 2 años los niños buscan
afirmarse a sí mismos, empiezan a querer hacer las cosas por si solos, a
establecer que quieren y que no. No es
raro encontrarnos con un niño de 2 años queriendo comer solo, o diciendo a todo
que no. Estas son características
propias de esta etapa evolutiva. Si este
niñito de 2 años tiene un hermano mayor que recibe un no como respuesta a su
predisposición de ayudar a su hermano menor, puede que esto genere un conflicto
entre ellos. Por su parte, los niños en
edad escolar que tienen un muy fuerte concepto de justicia. Si estos niños en edad escolar ven que un
hermanito menor pasa más tiempo con su mama pueden sentirlo como una injusticia
y enojarse con su hermanito. Los adolescentes que están en una etapa de
descubrimiento de su individualidad, y fortaleciendo su independencia pueden
sentir como una amenaza el tener que realizar quehaceres del hogar con alguno
de sus hermanos.
¿Qué
hacemos cuando nos encontramos frente a una pelea de nuestros hijos? El primer
paso sería intentar calmar a los hermanos que se están peleando. No es posible para los niños escuchar
mientras estén embebidos en el enojo, furia, frustración. De allí que es importante tomarnos unos
minutos para que ambas partes se tranquilicen.
Una vez que el clima se sienta favorable para comenzar a hablar,
deberíamos ayudarlos a que ellos mismos intenten encontrar una forma de
resolver el conflicto. Nuestra
intervención aquí seria de facilitadores.
Si cada vez que hay un conflicto intervenimos inmediatamente ofreciendo
soluciones no les enseñamos a aprender a resolver problemas por sí mismos. Por ejemplo, si viene uno de los niños
diciendo que el hermano mayor le pego decirle que vaya y que le diga que pegar
duele, que no le pegue o si no le prestan un juguete que le pida por favor si
cuando termina se lo puede prestar. Con
esto le estamos ensenando a protegerse y cuidarse a si mismo. Es cierto que en
muchas circunstancias los padres tenemos que intervenir ya sea por seguridad o
porque la diferencia de edad es muy grande y el más pequeño no puede defenderse
aun.
Cuando
tenemos que intervenir, una reacción muy común de los padres es hacerles
preguntas a nuestros hijos intentando descubrir quién es el culpable de la
pelea. Estos padres se ponen como en un
papel de policías intentando encontrar a quien tienen que castigar. Esta búsqueda por castigar a alguien como el
objetivo principal cuando ven pelear a sus hijos no suele ayudar a que las
peleas disminuyan con el tiempo. En
lugar de buscar al culpable para sancionarlo ¿por qué no buscar una solución al
problema? El primer paso sería acercarnos a los niños para entender no solo que
paso sino sigue pasando. Una vez que
entendemos cual es el problema, el siguiente paso sería buscar una solución. Parecería algo muy básico lo que estoy
diciendo. Sin embargo, no es tan sencillo ponerlo en práctica. Por ejemplo, dos hermanos se están peleando
por el mismo juguete: la mirada de la búsqueda de la solución no es castigar a
quien le saco el juguete al otro sino compartir el juguete o tomar turnos. Si
un hermano molesta a otro, la mirada de búsqueda de solución no es castigar al
que molesta sino tratar de entender al que molesta para saber qué le pasa y
proponerle una conducta alternativa que no moleste. La mirada de búsqueda de solución es una
mirada que busca comprender más allá de lo explícito en la pelea y busca
ofrecer alternativas satisfactorias para ambos. Idealmente, esta búsqueda de
solución debería nacer de los niños.
Luego de entender lo que está ocurriendo, podemos preguntarles a
nuestros hijos que se les ocurre a ellos que pueden hacer en esta situación de
conflicto. En general, si suelen ser ellos quienes traen la solución las
probabilidades que lo implementen en el futuro son mayores. Desde chicos es importante involucrarlos en
la búsqueda de soluciones preguntándoles que les parece, que pueden hacer
diferente, que idea tienen al respecto, como podrían hacer para que tal o cual
cosa no vuelva a ocurrir. Este tipo de
involucramiento les ensena no solo a sentirse escuchados y valiosos sino a
empezar a ser responsables. Esta
responsabilidad que van aprendiendo es lo que va alimentando la autonomía y
confianza en si mismos.
Para no
incentivar las peleas entre hermanos en nuestro hogar podemos tomar ciertos
recaudos. Uno de ellos es no incentivar
la rivalidad con comentarios como: “si tu hermana lo puede hacer tu deberías
hacerlo,” o “mira como ya termino tu hermano,” o “¿a ver quién se viste
primer?,” o “tu hermana a tu edad ya no usaba chupete.” Este tipo de
comentarios lo único que genera es competencia entre hermanos. Esto no quiere decir que no se los pueda
comparar. De hecho, la comparación
resaltando diferencias y similitudes es algo inevitable. Para conocer necesitamos observar y observar
implica comparar. Una cosa es comparar
en forma descriptiva y otra muy diferente es comparar añadiendo un juicio de
valor a la comparación. Estela es rubia,
Miguel es castaño, Esteban es más bajo que Martín, Pía corrió la carrera más
rápido que Milagros. Todos estos son datos objetivos mensurables. En cambio si decimos Lucia hizo un dibujo más
prolijo o más lindo que Olivia, Pablo jugo mejor que Gastón, estamos incorporando juicios de valor:
prolijo, lindo, mejor. Hay que tener
mucha cautela al incorporar juicios de valor al referirse a los hermanos porque
pueden incentivar la competencia entre ellos.
Otro recaudo que se puede tener en cuenta es que no vamos a poder ser
justos con nuestros hijos. Tener como
objetivo querer ser justos nos va a llevar automáticamente al fracaso. Un niño recién nacido requiere mucha más
atención que un niño en edad escolar. Un
niño que está enfermo va a requerir más cuidados que un niño que está
sano. Un niño que tiene dificultades con
las tareas escolares va a necesitar más ayuda que un niño que tiene facilidad
para realizarlas. Estas situaciones son
injustas para el niño que está en edad escolar, el que está sano y el que tiene
facilidad con la tarea. Estos niños se
sienten desplazados y, de hecho, lo están.
Les tenemos que transmitir que
entendemos que se sienten dejados de lado.
De esta forma les validamos su emoción.
Luego, les tenemos que enseñar que a pesar que hay muchas circunstancias
injustas en las que se pueden sentir desplazados con razón, eso no significa
que los hayamos dejado de querer. Este
es un momento para transmitirles cuanto los amamos porque están atravesando una
circunstancia de vulnerabilidad. Después
de haberles expresado nuestro amor, el siguiente paso es explicarles que cuando
ellos eran bebitos tenían nuestra atención permanente, cuando están enfermos o
cuando tienen una dificultad van a ser nuestra prioridad. Este es el mensaje que tienen que aprender,
que aun en situaciones donde se puedan sentir desplazados no lo están. Así es como les ensenamos que a pesar de la
amenaza que puedan sentir en el contexto ellos siguen siendo amados y queridos. Aprender este mensaje es lo que les va dando
seguridad en sí mismos y la capacidad de atravesar circunstancias no
favorables. Un ejemplo muy cotidiano es
al repartir porciones de torta que nos encontramos con comentarios como: “la
porción de mi hermana es más grande”
Solemos responder: “no, son todas las porciones iguales.” Las probabilidades que todas las porciones
sean iguales es remota. En lugar de dar
esta respuesta podríamos decir: “si, veo, me parece que te molesta tener una
porción mas pequeña” Validar la emoción del niño lo hace sentir
considerado. Desde este lugar de
escucha, podemos luego buscar juntos alternativas a la situación, por ejemplo
que pueda repetir otra porción.
Pasar
tiempo en forma exclusiva con cada uno de nuestros hijos disminuye
considerablemente las peleas entre los hermanos. Estar solo con cada uno de nuestros hijos los
hace sentirse especiales y les disminuye la competencia por obtener la atención
de la madre o padre. Si los padres
pudieran en forma regular disponer de cierto tiempo para dedicarle a cada uno
de sus hijos verían los resultados en forma inmediata. No se trata de pasar largas horas con cada
uno. Basta con ir juntos al
supermercado, o a ponerle nafta al auto o al banco o a llevar una carta al
correo. Pequeñas actividades entre madre
e hijo/a o padre e hijo/a en forma exclusiva, es decir sin otro hermanito/a,
marcan una gran diferencia en el clima del hogar.
Finalmente,
tenemos que recordar que somos ejemplo para nuestros hijos. La forma en la que nosotros mismos, como
padres adultos, resolvemos los conflictos que tenemos con nuestra pareja,
familiares y amigos es también parte de la enseñanza que les damos a nuestros
hijos. Si cuando tenemos un problema con
alguien, levantamos la voz y mostramos una actitud intolerante esto es lo que
estaremos enseñando. Por el contrario,
si sabemos dialogar y mantener la calma aun cuando estamos en desacuerdo con
alguien estaremos mostrando un ejemplo que, muchas veces, enseña más que mil
palabras. Educar con el ejemplo es una
forma de instrucción que, aunque sea difícil ver su impacto inmediato, es una
enseñanza efectiva, duradera y de largo plazo.
Padres perfeccionistas
Un padre
perfeccionista tiende a ser un padre exigente. Los padres exigentes no ofrecen opciones, simplemente imponen el camino a seguir. Son padres que dictaminan sin dar lugar a
la participación de su hijo, sin valorar su opinión, sentimientos o pensamientos. Son padres que no dejan ser al niño. Este estilo de paternidad genera en los niños
mucha frustración cuando no pueden satisfacer a sus padres o gran resentiento si, logran alcanzar los objetivos establecidos por los padres pero sus intereses no fueron tenidos en cuenta.
Opuesto a los padres perfeccionistas encontramos a los padres que confian en sus hijos. Los padres que confían en sí mismos, saben que tienen una capacidad interior que, con determinadas condiciones, se va manifestando en ellos permitiéndoles lograr y alcanzar los objetivos deseados. De la misma forma que ellos cuentan con esta capacidad, tienen la convicción que sus hijos tambien la tienen. Desde este lugar de confianza, es que ejercen su paternidad. Saben que asi como ellos tienen una capacidad interior tambien la tienen sus hijos. Estos padres reconocen la importancia de escuchar las necesidades, sentimientos y pensamientos de sus hijos. Esta actitud de escucha transmite el mensaje que sus hijos valen, que lo que tienen para decir es importante, que sus sentimientos y pensamientos van a ser considerados. De esta forma, estos padres van alimentando la confianza y autoestima de sus hijos simplemente porque confian en que sus hijos tienen una capacidad interior a desplegar.
Opuesto a los padres perfeccionistas encontramos a los padres que confian en sus hijos. Los padres que confían en sí mismos, saben que tienen una capacidad interior que, con determinadas condiciones, se va manifestando en ellos permitiéndoles lograr y alcanzar los objetivos deseados. De la misma forma que ellos cuentan con esta capacidad, tienen la convicción que sus hijos tambien la tienen. Desde este lugar de confianza, es que ejercen su paternidad. Saben que asi como ellos tienen una capacidad interior tambien la tienen sus hijos. Estos padres reconocen la importancia de escuchar las necesidades, sentimientos y pensamientos de sus hijos. Esta actitud de escucha transmite el mensaje que sus hijos valen, que lo que tienen para decir es importante, que sus sentimientos y pensamientos van a ser considerados. De esta forma, estos padres van alimentando la confianza y autoestima de sus hijos simplemente porque confian en que sus hijos tienen una capacidad interior a desplegar.
Los padres perfeccionistas, por el contrario, dudan de la capacidad de sus hijos, no
tienen confianza en ellos. Esta falta de
confianza los lleva a dudar del proceso de aprendizaje de sus hijos. Son padres que creen que tienen que marcarles
cada paso del camino. Si los padres no
imponen lo que se debe hacer temen las consecuencias. Son padres que manifiestan
una intolerancia al error de sus hijos que, en definitiva, es una expresión de
intolerancia al aprendizaje. Los niños son
aprendizaje y el aprender implica equivocarse. Para estos padres no hay posibilidad de disfrute o diversión a lo largo del camino de aprendizaje. El padre perfeccionista tiene el foco en el resultado final a obtener perdiendo de vista por completo el proceso. El miedo y la ansiedad que los padres perfeccionistas sienten respecto a tener que alcanzar un objetivo o realizar una tarea se lo terminan transmitiendo a sus hijos generándoles mucha inseguridad. Es muy común encontrar hijos de padres perfeccionistas que se desesperan cuando realizan sus tareas o les es sumamente dificil disfrutarlas o simplemente realizarlas estando relajado.
Volviendo a los padres que sienten confianza en sus hijos, el camino del aprendizaje es muy distinto. Estos padres buscan que sus hijos saquen de sí lo mejor de ellos. No son padres que buscan establecer los objetivos de su hijo basándose en estándares exteriores sino que los establecen de acuerdo a la propia capacidad de su hijo. Es un padre que evalúa el esfuerzo, la dedicación, el compromiso que su hijo pone al momento de hacer una tarea. El esfuerzo o la voluntad es lo que este padre valora porque es la variable que el niño puede controlar. Estos padres saben que cualquier resultado final conlleva factores que no necesariamente dependen del niño. Este padre puede llegar a retar a su hijo si realiza un trabajo ‘muy bueno’ porque sabe que tiene la capacidad de hacerlo ‘excelente’ y, puede llegar a felicitar a otro de sus hijos que hizo un trabajo ‘regular’ porque sabe que dio lo mejor de él para realizarlo. Este padre está permanentemente atento al mundo interior de sus hijos: sus necesidades, emociones, pensamientos y capacidades de sus hijos. Es un padre que, con su actitud, transmite a sus hijos que son valiosos alimentándoles de esa forma su seguridad y autoestima.
Volviendo a los padres que sienten confianza en sus hijos, el camino del aprendizaje es muy distinto. Estos padres buscan que sus hijos saquen de sí lo mejor de ellos. No son padres que buscan establecer los objetivos de su hijo basándose en estándares exteriores sino que los establecen de acuerdo a la propia capacidad de su hijo. Es un padre que evalúa el esfuerzo, la dedicación, el compromiso que su hijo pone al momento de hacer una tarea. El esfuerzo o la voluntad es lo que este padre valora porque es la variable que el niño puede controlar. Estos padres saben que cualquier resultado final conlleva factores que no necesariamente dependen del niño. Este padre puede llegar a retar a su hijo si realiza un trabajo ‘muy bueno’ porque sabe que tiene la capacidad de hacerlo ‘excelente’ y, puede llegar a felicitar a otro de sus hijos que hizo un trabajo ‘regular’ porque sabe que dio lo mejor de él para realizarlo. Este padre está permanentemente atento al mundo interior de sus hijos: sus necesidades, emociones, pensamientos y capacidades de sus hijos. Es un padre que, con su actitud, transmite a sus hijos que son valiosos alimentándoles de esa forma su seguridad y autoestima.
Padres que discuten delante de sus hijos
Cuantas
veces nos ocurre que, por alguna razón, nos enojamos con el padre de nuestros
hijos y lo criticamos delante de nuestros hijos. Si bien es válido estar enojados, frustrados,
disgustados con el padre de nuestros hijos, no es apropiado criticarlo o hablar
mal de él delante de nuestros hijos.
Antes que nada, tenemos que saber que el padre de nuestros hijos es una
de las personas más importantes en la vida de nuestros hijos. Criticar al padres de nuestros hijos implica
no estar teniendo en cuenta el lugar que esta persona ocupa en la vida de
nuestros hijos. Este comportamiento es una falta de consideración para con nuestros
hijos. Criticar en este caso es una
conducta egoísta dado que está simplemente actuando desde el deseo infantil de
expresar su frustración sin tener en cuenta el lugar que esta persona ocupa en
la vida de sus hijos. Nuestros hijos,
aunque no lo expresan, sienten que no están siendo respetados cuando un padre
critica al otro.
En general, los padres recurren a criticar al padre de nuestros hijos se sienten dolidos y utilizan este comportamiento como una forma de venganza o forma de castigar a quien los lastimo previamente a ellos. Sin embargo, lejos de impartir justicia, lastiman profundamente a sus hijos causándoles mucho dolor. Este dolor los aleja del padre que critica. Estos niños sienten un desconcierto muy grande al no poder comprender como quién los ama puede llegar a criticar a una de las personas más importantes de su vida. Esta situación, poco a poco, va dañando la relación entre padres/madres e hijos.
En general, los padres recurren a criticar al padre de nuestros hijos se sienten dolidos y utilizan este comportamiento como una forma de venganza o forma de castigar a quien los lastimo previamente a ellos. Sin embargo, lejos de impartir justicia, lastiman profundamente a sus hijos causándoles mucho dolor. Este dolor los aleja del padre que critica. Estos niños sienten un desconcierto muy grande al no poder comprender como quién los ama puede llegar a criticar a una de las personas más importantes de su vida. Esta situación, poco a poco, va dañando la relación entre padres/madres e hijos.
Cuando nos
encontramos en una situación en la que nos reconocemos enojados para con el padre
de nuestros hijos, el primer paso es intentar hacerlo consciente como para no
reaccionar inconscientemente desde aquel enojo.
Cuando reaccionamos, estamos siendo dominados por nuestra emoción. Este tipo de comportamiento es un
comportamiento infantil o inmaduro de una persona que está siendo dominada por sus emociones. Estamos aquí frente a una persona que no es
libre de elegir como actuar, sino que por el contrario, reacciona comportándose
como la emoción del momento lo determina sin medir las consecuencias de este
comportamiento. Con esto no estoy
queriendo decir que no tenemos que enojarnos o frustrarnos o irritarnos con los
padres de nuestros hijos. Las emociones
que sentimos forman parte de quienes somos y son válidas. El problema es que hacemos con estas
emociones. Las personas maduras o con mayor consciencia de sí mismas son más
libres porque pueden elegir que hacer y, en este elegir, pueden evaluar las
consecuencias de sus actos. Las personas
menos conscientes de sí mismas o más infantiles están dominadas por sus
emociones sin poder decidir conscientemente y tienden a reaccionar. Entonces, si somos de esas personas que a
veces reaccionamos y nos comportamos de manera que a veces lastimamos hasta a
las personas que más queremos, el primer paso sería comenzar a prestarnos
atención a nosotros mismos. Cuando nos
encontramos utilizando frases como ‘nunca’ o ‘siempre’ tenemos que hacer una
pausa porque suelen ser indicadores que estamos empezando a estar enojados. Por
ejemplo: “mi marido nunca levanta la mesa” o “el padre de mis hijos siempre los
malcría.” Otras señales de alerta son
frases como por ejemplo: “el papa de mis hijos es un egoísta, es cómodo.” Estas
últimas frases son distintas formas de críticas. En lugar de hablar del otro, es recomendable
hablar de cómo uno se siente.
Concretamente, en lugar de decir “mi marido es un egoísta” decir:
“cuando mi marido se va a jugar al tenis me siento sola” o en lugar de decir
“mi marido es cómodo” podemos decir: “cuando mi marido se pone a mirar TV
siento mucho enojo porque no me siento ayudada con los quehaceres del
hogar. En estos ejemplos no hay crítica
hacia la otra persona sino que estamos expresando nuestro sentir respecto al
comportamiento del otro. Resumiendo,
cuando nos damos cuenta que nos estamos empezando a enojar primero
identifiquemos la conducta de la otra persona que nos molesta. Segundo,
reflexionemos como esa conducta nos hace sentir a nosotros. Por último, podemos
expresar lo que nos pasa.
Ejemplo 1
Conducta del otro: Mira TV cuando yo lavo los platos
Nuestro sentimiento: Enojo
Conducta del otro: Mira TV cuando yo lavo los platos
Nuestro sentimiento: Enojo
Comunicación: “Cuando miras
TV mientras yo lavo los platos me enojo porque estoy cansada y me siento no
tenida en cuenta”
Ejemplos 2
Conducta del otro: Se va a
jugar al golf
Nuestro sentimiento: Triste
Comunicación: “Cuando te vas
a jugar al golf todo el día me siento sola y me da tristeza”
Ejemplos 3
Conducta del otro: No viene
a comer y no avisa
Nuestro sentimiento:
Frustración
Comunicación: “Cuando no me
avisas que no llegas a comer me frustro esperándote y me siento desconsiderada”
Finalmente,
es muy común que los padres discutan delante de sus hijos y la reconciliación
es son posterioridad cuando los niños no están presentes. Los niños viven la pelea, la tensión, el
enojo quedándose con el sabor amargo de la discusión. Este clima que los padres crearon en el
ambiente los inunda de desconcierto, dudas, preguntas, incertidumbres, miedos. Es importante que los padres sean conscientes
que han generado este clima en el ambiente.
Una vez que los padres se han reconciliado es importante que se lo
comuniquen a sus hijos de forma de transmitirles que ya el clima es otra vez de
armonía. Al hablar con sus hijos
comunicándoles que los padres lograron entenderse es importante darles espacio
a los niños para que hagan sus preguntas.
Los padres debieran tomarse el tiempo necesario para atender cada una de
sus preguntas de sus hijos de forma de mitigar los miedos o incertidumbres que
les pudieron haber quedado luego de haber visto y sentido la tensión entre las
dos personas más importantes de sus vidas.
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