viernes, 22 de enero de 2016

                               

REGISTER NOW

Date: Saturday, February 6, 2016
Time: 9:00 am – 5:00 pm

Columbia School of Social Work
Room 311/312
1255 Amsterdam Avenue, New York, NY 10027

6.5 contact hours are available for NYS-licensed social workers.

Soft-skills like active listening, communicating, leading effectively, and conflict resolution are increasingly in demand today, though all too often they are taught in a didactic manner that is difficult to integrate directly into personal and professional practice.  In marked contrast, the Rogerian Person-Centered Approach (PCA) stresses a ‘way of being’ over a ‘way of doing’.In this one-day practical training workshop, participants will take a deep dive into the theory and practice of the Person-Centered approach, with ample opportunity to directly explore the personal and professional qualities that empower their professional practice.
Learning Objectives:
  • Learn Person-Centered theory and practice
  • Apply the principles of PCA to their professional practice
  • Identify individual strengths and professional working styles
  • Distinguish sympathy from empathy
  • Maintain innate authenticity and presence with clients
  • Participate in moderated group work and observation

Speakers:


Elvira Medus, LCSW
Mark Rodgers, MSc
Gerti Schoen, LP, MA

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Sign up NOW for a one-day workshop:
"The Empathic Dilemma: The Path to Professional Success"


Date: Saturday, January 23, 2016
Time: 9:00 a.m. – 5:00 p.m.

Location: Columbia School of Social Work, Room C06
Speakers/Facilitators (
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Elvira Medus (LCSW), alumna (MSW'08) & humanistic psychotherapist 
Mark Rodgers (MSc), Rogerian-trained psychotherapist
Gerti Schoen (LP, MA), person-centered psychotherapist 
**6.5 contact hours available for NYS-licensed social workers**
The Empathic Dilemma:The Path to Professional Success

January 23, 2016
6.5 contact hours are available for NYS Licensed Social Workers
$300 single; $275 each for groups and alumni
Empathy is one of the most widely-discussed skills in the modern workplace, but exactly what is it? What is the difference between empathy and sympathy? What is too much empathy? How can we get in touch with our own innate empathic abilities and become more effective professionals?
In this experiential workshop, we will explore and develop our understanding of empathic listening and response based on the teachings of Dr. Carl Rogers, widely regarded as the most influential American psychologist of the twentieth century. Dr. Rogers was the first psychologist to throw away diagnostic labels, preferring instead to freely explore the rich internal worlds of his clients, empathically helping them to arrive at their own process of self-healing. Empathy was one of the three core conditions that Rogers maintained were ‘sufficient and necessary’ for therapeutic growth. In his lifetime, Rogers used the concept of empathy in the broadest possible sense and was even involved in international peace talks where he was able to help often warring-parties listen to and understand the perspective of the ‘other side’.

In this experiential workshop participants will
  • Understand and recognize concept of empathy from a Person-Centered theory and practice perspective.
  • Distinguish sympathy from empathy – the former being more about ‘us’, the latter about our clients’ lives and experiences.
  • Distinguish between "optimal empathic attunement" and giving too much of yourself
  • Incorporate empathy into professional practice, learning how to manage conflict and affect client-driven growth.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Carl Rogers: su legado



Presentación Académica de Carl Rogers 
Un panel de expertos presenta las ideas del psicologo Estadounidense mas influyente en el ambito psicologico y fundador del enfoque psicologico Humanista. La presentacion tendra lugar en la Universidad de Columbia - Escuela de Social Work, New York City. 
Miercoles 10 nde Diciembre 12:10pm.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Los jovenes y la autoflagelacion

La autoflagelación es un tema sumamente alarmante y aterrador para los padres.  La autoflagelación no es un intento de suicidio.  La autoflagelación es una forma de auto lastimar el cuerpo se ya sea con cortes, quemaduras, golpes, arañazos.  Las zonas que los jovenes se lastiman con mayor frecuencia son brazos, muñecas, piernas y tobillos aunque también pueden lesionar otras partes del cuerpo.  Para lastimarse a sí mismos suelen utilizar cuchillos, tijeras, agujas, fuego, afeitadoras o cualquier instrumento cortante.  
La pregunta más frecuente de los padres es por qué recurren los jóvenes a esta práctica.  La respuesta a esta pregunta es muy difícil de comprender.  Estos adolescentes están atravesando sentimientos de profundo dolor, tristeza, soledad, incomprensión y no encuentran forma de aliviar este tormento interno.  Al causarse daño físico, el dolor fisico se hace presente "tapando" el dolor interno momentanemante.  Podriamos decir que, de alguna manera, cambian el dolor interno emocional por el dolor exterior físico.  El dolor fisico pareceria, entonces, "aliviarles" el dolor emocional porque mientras sienten el dolor fisico se "olvidan" de su dolor interno.  El dolor físico es más tolerable que el interno.  El daño físico exterior no es más que un reflejo de lo que estos adolescentes está viviendo internamente.
Esta práctica es sumamente grave por las consecuencias que acarrea.  Desde el punto de vista físico, estos adolescentes se están exponiendo a riesgos de infecciones o enfermedades bacterianas.  Desde el punto de vista emocional, estos niños sienten mucha vergüenza por lo que hacen y por sus marcas en el cuerpo llevándolos a aislarse cada vez mas de la sociedad.  Adicionalmente, esta práctica encierra el peligroso riesgo de transformarse en una adicción.  Las adicciones tienen la característica de proveer un aparente beneficio de corto plazo.  Es este beneficio de corto plazo lo que hace que las personas adictas continúen con la adicción.  Tal es el caso de drogas, cigarrillos, alcohol.  En el caso de la autoflagelación, la dinámica es similar.  El adolescente al lastimarse puede por un momento “correrse” de la pesadilla interna que está viviendo.  De allí, que estos adolescentes tienden a generar una adicción con esta práctica siendo extremadamente difícil erradicarla.
Los padres que sospechan que sus hijos o hijas se están auto lastimando, deben observar con mucha atención si se aíslan frecuentemente, si encuentran manchas de sangre en su ropa, si usan permanentemente mangas largas aun en días calurosos.  Los padres que saben que sus hijos o hijas se auto agreden, deben, primero, consultar a un médico para evaluar las heridas y, luego, comenzar un proceso psicológico urgente.  Este proceso psicológico que el adolescente va a comenzar no va a ser ir al psicologo solo un par de sesiones.  No estamos en presencia a una situación donde la niña o el niño esta queriendo llamar la atención.  Estamos frente a un problema sumamente grave que requiere una terapia psicológica de largo plazo.  Adicionalmente, la familia tiene que prepararse a iniciar una terapia psicológica familiar.  Se requiere del involucramiento de toda la familia en este proceso si realmente se quiere ayudar a salir a este niño o niña de esta situación tan dolorosa.  Por último, los padres y familiares tienen que acompañar el proceso con un corazón abierto dispuesto a no juzgar, a comprender y empatizar porque estos niños están sangrando mucho más por dentro que por fuera.

sábado, 27 de septiembre de 2014

lunes, 11 de agosto de 2014

Como enfrentar la ansiedad del regreso a las clases

Se acerca el comienzo de clases y los padres se preguntan como preparar a los niños para esta nueva etapa. En el caso de los padres con niños pequeños, las preguntas giran en torno al proceso de separación.  Respecto a este proceso, los padres tienen que saber que todo lo que ellos sientan es absorbido por sus hijos.  De allí que si sienten que están nerviosos por dejar a su niño o ansiosos asi es cómo se terminará sintiendo su niño.  El primer paso a seguir para los padres es ser conscientes de cómo le está afectando este proceso de separación.  Darse cuenta de sus miedos, dudas, incertidumbres e intentar correrlas al momento de iniciar la separación.  Los niños necesitan sentir que nosotros estamos bajo control.  No les podemos transmitir a ellos nuestros miedos.  Una vez que creemos estar en un lugar de confianza para iniciar este proceso podemos comenzar con la adaptación.  El proceso de adaptación es un proceso paulatino y gradual.  Los niños tienen que adaptarse a un nuevo entorno, a nuevas caras y a una nueva rutina.  Esta adaptación no se da de un día para el otro.  Se requiere disponibilidad de tiempo y mucha paciencia.  Es recomendable que sea el padre quien lleve al niño a la escuela durante este período.  El vínculo del niño con la madre podría ser muy estrecho complicando la separación. 
Para el caso de niños que ya han ido a la escuela anteriormente y que ahora retoman las clases las preocupaciones son otras.  Estos niños pueden manifestarse nerviosos o ansioso por esta nueva etapa.  Los padres tienen que explicarles que esto es común dado que es una etapa desconocida.  Sus hijos no van a ser los únicos sintiéndose de esa forma.  Lo desconocido genera miedo por no saber qué esperar.  De allí que todo lo que esté a nuestro alcance para familiarizarlos con esta nueva etapa los ayudara a encontrar calma.  Si no conocen la escuela, es importante llevarlos a que la conozcan, visiten a los nuevos maestros, recorran el trayecto de la casa a la escuela.  Si hace tiempo que no ven a sus compañeritos, organicen alguna actividad con ellos la semana anterior a iniciar las clases y, de ser posible, durante la primera semana también.  Reconectarse con sus compañeritos los ayudará mucho a sentirse seguros al volver a clase.  Por último, los padres deberían intentar estar más presentes que lo común durante esta primera semana de clases.  Recuerden que la primera semana de escuela puede ser muy estresante para los niños.
Respecto a las tareas escolares, el primer paso es establecer un lugar físico para que los niños puedan realizar sus tareas escolares.  Si los niños son pequeños el lugar físico debería ser cerca de donde están los adultos dado que sus tareas requieren supervisión: cocina o comedor diario.  En el caso de los niños más grandes, se debe disponer de un espacio que se pueda aislar para no tener interrupciones, silencioso, cómodo, con muy buena luz.  Así como en cada casa hay un comedor para comer y un dormitorio para dormir debería haber un escritorio para estudiar si es que esto es una prioridad en la familia.  

Finalmente, para estimular el estudio en el hogar es recomendable establecer un horario diario en el que la familia se reúna para “ejercitar el cerebro.”  La idea con este espacio es que cada uno en forma independiente traiga algo que quiera para ejercitar su cerebro.  Los niños que tienen tarea bien pueden traer la tarea a este espacio.  De esta forma, la familia se reúne con un fin común que es estudiar o capacitarse.  Uno de los beneficios de este formato es que estamos enseñando mediante el ejemplo: los padres también se sientan a hacer algo intelectual mostrando la importancia que esta práctica tiene.  El otro beneficio es que si los niños requieren asistencia estamos al alcance de la mano para ayudarlos.  De esta forma, promovemos el estudio en la vida de nuestros hijos.  Más importante aún, cambiamos la lucha contra la tarea escolar por una actividad familiar de gran valor.  Ahora bien, es importante que si los niños no tienen tarea escolar que este espacio se mantenga.  De lo contrario será un espacio asociado a realizar la tarea escolar y ese no es el propósito.

A continuacion, Entrevista sobre Como Enfrentar la Ansiedad del Regreso a Clases por Noticiero 47 Primera Edicion

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miércoles, 25 de junio de 2014

Bullying o Acoso Escolar


El bullying es una forma de maltrato que se da en las escuelas entre nos niños.  Este maltrato puede ser psicológico, verbal o físico.  Se caracteriza por darse en forma constante a lo largo del tiempo.  Si bien hay un sin número de razones por las cuales esto puede ocurrir, las más comunes son por cuestiones de apariencia o de status social.  Los padres tienen que estar muy atentos a estas circunstancias, especialmente porque los niños que están siendo maltratados tienden a no querer hablar del tema.  Estos niños sienten que no van a ser comprendidos, que van a ser juzgados como débiles o cobardes, creen que los van a rechazar o hasta a castigar por lo que les ocurre.  Adicionalmente, tienen mucho miedo a las represalias si llegan a hablar.  De allí, que los padres tienen que prestar mucha atención a los cambios emocionales y de conducta de sus hijos.  Los padres tienen que escuchar entre líneas a sus hijos, no quedarse solo con lo que ellos verbalizan.  Si los ven ansiosos, nerviosos, preocupados, si escuchan que no quieren ir a la escuela, si observan conductas autodestructivas (fumar, tomar, etc.), lesiones en su cuerpo o cambios de hábitos alimenticios o en el dormir, estamos en presencia de alertas que no podemos ignorar.  Cualquiera de estas circunstancias son señales que tenemos que evaluar.  Para lo cual, debemos conversar con nuestros hijos.  El primer paso antes de hablar con ellos es concientizarnos que el tema que vamos a hablar es un tema doloroso para nuestros hijos.  Nuestros hijos están sufriendo.  No necesitan retos, ni juicios, ni críticas.  Debemos acercarnos a ellos con un corazón empático, transmitiéndoles que entendemos lo que les pasa que queremos ayudarlos.  El segundo paso, es actuar.  No basta con conversar con ellos.  Tenemos que intervenir involucrando a la escuela.  Este tipo de conflicto no lo van a poder resolver los padres solamente.  La realidad es que los padres no van a estar en la escuela para cuidar de su niño.  De allí que es imperioso contactarse con la escuela para armar un plan en forma conjunta.
Simultáneamente, los adolescentes tienen que saber que la ignorancia es una estrategia a seguir cuando están siendo maltratados.  Es importante que no entren en conversaciones, discusiones verbales o altercados físicos con quienes los están agrediendo.  Además, tienen que buscar rodearse de amigos sinceros y honestos.  En caso que no tengan amigos, que comiencen a realizar actividades donde puedan conocer y conectarse con otros chicos.  Es muy importante que no anden solos, especialmente en la escuela.  Por último, que practiquen ganar confianza en ellos mismos.  Para ganar confianza en uno mismo, hay que sentirse a gusto.  La pregunta que los adolescentes tienen que hacerse es: "que cosas me hacen sentir bien?" Responder a esta pregunta y hacer algo al respecto.  Si le gusta tocar la guitarra que comience clases de guitarra, si le gusta bailar que se anote en una clase de danza, zumba, jazz, si le gustan los deportes que se anote en algún club cercano,  si le gusta pintar que participe de talleres de arte, si les gusta leer que participen de una biblioteca y de reuniones de lectura.   Hacer algo que nos gusta nos hace sentir bien y sentirnos bien nutre nuestra confianza.  La confianza que nuestros hijos tengan en ellos mismos es una de las mejores formas de prevenir maltratos.

A continuación la Entrevista sobre este tema por Noticiero 47 - Primera Edición:

martes, 17 de junio de 2014

Como la television afecta a nuestros hijos?

Cada dia vemos en las noticias noticias violentas que asustan, desconciertan y nos dejan sin explicaciones para dar a nuestros hijos. No sabemos como responder a a las preguntas de nuestros hijos porque ni siquiera nosotros logramos comprender el por qué de dicha violencia. Nuestros niños suelen pensar que lo que vieron en la televisión puede pasarles a ellos. De alli, que nuestro rol como padres es transmitirles seguridad. No podemos dejar que nuestros hijos sientan que viven en un entorno hostil, aterrador, confuso. Sentir que viven en un dicho contexto los atemorisa, confunde y peor aun, los vuelve insensibles al dolor ageno y carentes de empatía para con los demás. En cualquiera de estas circumstancias negativas, hay siempre acciones positivas ocurriendo al mismo momento: personas que ayudan en momentos de accidentes (enfermeros, médicos), personas que arriesgan su vida por otros (bomberos), grupos de personas que caritativamente alivian en momento de catástrofes naturales, etc.. Como dijo Abraham Lincoln, no todos los hombres son justos, no todos son verdaderos pero para cada villano hay un héroe, para cada egoísta también hay un lider dedicado. Estos momentos de adversidad son tambien oportunidades para conversar con nuestros hijos sobre valores como la generosidad, la caridad, la filantropia, la empatia. De esta forma, transmitimos que el mundo puede tener enemigos pero que por cada enemigo, encontraremos tambien amigos.

A continuacion, la entrevista que tuve por Noticiero Telemundo 47 - Primera Edicion para ampliar este tema:

miércoles, 16 de abril de 2014

lunes, 14 de abril de 2014

Niños independientes

Uno de los objetivos de los padres respecto a sus hijos es criar individuos que el día de mañana sean responsables y autónomos.  Estas cualidades no se desarrollan de un día para el otro.  Ensenar a ser independientes es un proceso que comienza desde que el niño nace.  Cuando facilitamos demasiado las tareas a nuestros hijos, estamos no solo perdiendo la oportunidad que nuestros niños aprendan a ser autónomos sino que además, estamos transmitiéndoles el mensaje que “dudamos” de su capacidad para realizar dicha tarea.  Ayudar a nuestros hijos a realizar una tarea que tienen dificultad es algo muy distinto a facilitarles el camino para que ellos no tengan que esforzarse.  Si sabemos que nuestros hijos pueden realizar una determinada tarea entonces no hay razón por la cual ellos no puedan hacerla por si mismos.  Al dejarlos resolver a ellos les estamos enseñando a autoabastecerse, por consiguiente, a sentirse capaces de resolver una tarea.  Esta capacidad que van viendo desarrollar dentro de ellos al ir pudiendo hacer las tareas es lo que va alimentando la  confianza en sí mismos.  A medida que los niños van sintiéndose con más confianza van animándose a realizar más tareas, inclusive aquellas que pueden parecer más difíciles.  Es la confianza la que los va estimulando a dar nuevos pasos, a animarse a entrar en terrenos menos familiares.   Los niños con mayor confianza en sí mismos son menos temerosos a los cambios, a lo nuevo, adaptándose más fácilmente a las transiciones.

Dejar a nuestros hijos que se sirvan solos la leche, que se vistan solos, que coman solos, que guarden los juguetes, muy probablemente va a significar que después los padres van a tener que limpiar la leche derramada, volver a vestirlos, limpiar la comida que ensuciaron y reordenar los juguetes.  De allí que muchos padres prefieren hacer las cosas ellos mismos en lugar de dejar hacérsela a sus hijos.  Si bien es cierto que si estas tareas las hacen los padres, muy posiblemente,  se harán más rápidamente y mejor, pero el costo es que estaremos generando dependencia.  De la misma forma que cuando dejamos hacer a nuestros hijos estimulamos un círculo virtuoso (dejar hacer desarrolla capacidad, capacidad genera confianza, confianza alimenta la autoestima), cuando hacemos cosas por ellos sabiendo que ellos las podrían hacer estimulamos un círculo vicioso: al hacer las cosas por ellos no desarrollan capacidad para poder hacerlas solos, la incapacidad genera desconfianza en ellos mismos, la desconfianza alimenta inseguridad.  Por consiguiente, para dejar de facilitarles las tareas a nuestros hijos hay que comenzar por a darles la oportunidad que hagan las cosas sin el apuro de terminar la tarea y sin la exigencia de realizarla eficazmente.  La urgencia y la eficacia en la ejecución de determinadas tareas son obstáculos para el aprendizaje de nuestros niños. 
Adicionalmente, resolver por nuestros hijos fomenta un concepto llamado falso sentido de los derechos.  Los niños que viven en un ambiente donde se les facilitan permanentemente las cosas, se los protege demasiado,  se los apaña,  o se les evita tener que luchar con dificultades del mundo real  van desarrollando una creencia que el mundo es como ese ambiente que han creado para ellos.  El problema con esta creencia es que cuando estos niños se van haciendo adultos, se convierten en hombres o mujeres que exigen.  Estos hombres o mujeres exigen a sus parejas o amigos que se les continúe resolviendo los problemas.  Estos hombres o mujeres han crecido pero no han madurado, siguen siendo niños con la creencia que el mundo tiene que seguir girando alrededor suyo.
Dejar hacer a los hijos, implica no solo tener que lidiar con el trabajo que es enseñar a hacer las tareas a los niños sino que además, es tener que lidiar con las emociones que este proceso despierta a los padres.  Muchos padres sienten frustración, enojo, cansancio cuando después de enseñarles cómo tienen que hacer una tarea, sus hijos la hacen mal, o no como se les pedía, o ensucian y rompen algo en el camino y el padre tiene que terminar haciéndola él mismo por completo.  El trabajo de ser padres puede ser frustrante.  En estos momentos, es importante no hacerlos sentir mal por la forma en la que hicieron la tarea.  Frases como “¿cómo es posible que tiraste toda el agua al piso o rompiste el plato o manchaste el pantalón nuevo?”, no solo inhiben al niño sino que no lo ayudan a realizar la tarea de otra forma la próxima vez.  Si queremos que los niños aprendan del proceso para que la próxima vez tengan más recursos para poder resolver la situación de forma distinta podemos decir: “Esteban, tiraste toda el agua al piso o rompiste el plato o manchaste el pantalón nuevo, ¿Qué te parece que podes hacer la próxima vez para evitar que esto suceda?” Este tipo de preguntas, obligan a los niños a ponerse en el problema y a pensar en una solución.  Cuando las propuestas nacen de los niños hay mayores chances que las incorporen y que las pongan en práctica alimentando su responsabilidad y autonomía. 

Entrevista sobre "Niños Independientes" en el programa televisivo Buenos Dias Nueva York por Telemundo 47


Peleas entre hermanos

¿Qué ocurre en los hogares que es tan común que los hermanos se peleen? Si bien puede haber un sinnúmero de razones por las cuales los hermanos se peleen una de las principales causas es por la simple evolución natural de los niños.  Cada etapa del crecimiento conlleva un aprendizaje intrínseco que, frecuentemente, hace entrar a los niños en conflicto con sus hermanos. Por ejemplo, a la edad de 2 años los niños buscan afirmarse a sí mismos, empiezan a querer hacer las cosas por si solos, a establecer que quieren y que no.  No es raro encontrarnos con un niño de 2 años queriendo comer solo, o diciendo a todo que no.  Estas son características propias de esta etapa evolutiva.  Si este niñito de 2 años tiene un hermano mayor que recibe un no como respuesta a su predisposición de ayudar a su hermano menor, puede que esto genere un conflicto entre ellos.  Por su parte, los niños en edad escolar que tienen un muy fuerte concepto de justicia.  Si estos niños en edad escolar ven que un hermanito menor pasa más tiempo con su mama pueden sentirlo como una injusticia y enojarse con su hermanito. Los adolescentes que están en una etapa de descubrimiento de su individualidad, y fortaleciendo su independencia pueden sentir como una amenaza el tener que realizar quehaceres del hogar con alguno de sus hermanos. 
¿Qué hacemos cuando nos encontramos frente a una pelea de nuestros hijos? El primer paso sería intentar calmar a los hermanos que se están peleando.  No es posible para los niños escuchar mientras estén embebidos en el enojo, furia, frustración.  De allí que es importante tomarnos unos minutos para que ambas partes se tranquilicen.  Una vez que el clima se sienta favorable para comenzar a hablar, deberíamos ayudarlos a que ellos mismos intenten encontrar una forma de resolver el conflicto.  Nuestra intervención aquí seria de facilitadores.  Si cada vez que hay un conflicto intervenimos inmediatamente ofreciendo soluciones no les enseñamos a aprender a resolver problemas por sí mismos.  Por ejemplo, si viene uno de los niños diciendo que el hermano mayor le pego decirle que vaya y que le diga que pegar duele, que no le pegue o si no le prestan un juguete que le pida por favor si cuando termina se lo puede prestar.  Con esto le estamos ensenando a protegerse y cuidarse a si mismo. Es cierto que en muchas circunstancias los padres tenemos que intervenir ya sea por seguridad o porque la diferencia de edad es muy grande y el más pequeño no puede defenderse aun.
Cuando tenemos que intervenir, una reacción muy común de los padres es hacerles preguntas a nuestros hijos intentando descubrir quién es el culpable de la pelea.  Estos padres se ponen como en un papel de policías intentando encontrar a quien tienen que castigar.  Esta búsqueda por castigar a alguien como el objetivo principal cuando ven pelear a sus hijos no suele ayudar a que las peleas disminuyan con el tiempo.  En lugar de buscar al culpable para sancionarlo ¿por qué no buscar una solución al problema? El primer paso sería acercarnos a los niños para entender no solo que paso sino sigue pasando.  Una vez que entendemos cual es el problema, el siguiente paso sería buscar una solución.  Parecería algo muy básico lo que estoy diciendo. Sin embargo, no es tan sencillo ponerlo en práctica.  Por ejemplo, dos hermanos se están peleando por el mismo juguete: la mirada de la búsqueda de la solución no es castigar a quien le saco el juguete al otro sino compartir el juguete o tomar turnos. Si un hermano molesta a otro, la mirada de búsqueda de solución no es castigar al que molesta sino tratar de entender al que molesta para saber qué le pasa y proponerle una conducta alternativa que no moleste.  La mirada de búsqueda de solución es una mirada que busca comprender más allá de lo explícito en la pelea y busca ofrecer alternativas satisfactorias para ambos. Idealmente, esta búsqueda de solución debería nacer de los niños.  Luego de entender lo que está ocurriendo, podemos preguntarles a nuestros hijos que se les ocurre a ellos que pueden hacer en esta situación de conflicto. En general, si suelen ser ellos quienes traen la solución las probabilidades que lo implementen en el futuro son mayores.  Desde chicos es importante involucrarlos en la búsqueda de soluciones preguntándoles que les parece, que pueden hacer diferente, que idea tienen al respecto, como podrían hacer para que tal o cual cosa no vuelva a ocurrir.  Este tipo de involucramiento les ensena no solo a sentirse escuchados y valiosos sino a empezar a ser responsables.   Esta responsabilidad que van aprendiendo es lo que va alimentando la autonomía y confianza en si mismos.
Para no incentivar las peleas entre hermanos en nuestro hogar podemos tomar ciertos recaudos.  Uno de ellos es no incentivar la rivalidad con comentarios como: “si tu hermana lo puede hacer tu deberías hacerlo,” o “mira como ya termino tu hermano,” o “¿a ver quién se viste primer?,” o “tu hermana a tu edad ya no usaba chupete.” Este tipo de comentarios lo único que genera es competencia entre hermanos.   Esto no quiere decir que no se los pueda comparar.  De hecho, la comparación resaltando diferencias y similitudes es algo inevitable.  Para conocer necesitamos observar y observar implica comparar.  Una cosa es comparar en forma descriptiva y otra muy diferente es comparar añadiendo un juicio de valor a la comparación.  Estela es rubia, Miguel es castaño, Esteban es más bajo que Martín, Pía corrió la carrera más rápido que Milagros. Todos estos son datos objetivos mensurables.  En cambio si decimos Lucia hizo un dibujo más prolijo o más lindo que Olivia, Pablo jugo mejor que Gastón,  estamos incorporando juicios de valor: prolijo, lindo, mejor.  Hay que tener mucha cautela al incorporar juicios de valor al referirse a los hermanos porque pueden incentivar la competencia entre ellos.  Otro recaudo que se puede tener en cuenta es que no vamos a poder ser justos con nuestros hijos.  Tener como objetivo querer ser justos nos va a llevar automáticamente al fracaso.  Un niño recién nacido requiere mucha más atención que un niño en edad escolar.  Un niño que está enfermo va a requerir más cuidados que un niño que está sano.  Un niño que tiene dificultades con las tareas escolares va a necesitar más ayuda que un niño que tiene facilidad para realizarlas.  Estas situaciones son injustas para el niño que está en edad escolar, el que está sano y el que tiene facilidad con la tarea.  Estos niños se sienten desplazados y, de hecho, lo están.  Les tenemos que transmitir  que entendemos que se sienten dejados de lado.  De esta forma les validamos su emoción.  Luego, les tenemos que enseñar que a pesar que hay muchas circunstancias injustas en las que se pueden sentir desplazados con razón, eso no significa que los hayamos dejado de querer.  Este es un momento para transmitirles cuanto los amamos porque están atravesando una circunstancia de vulnerabilidad.  Después de haberles expresado nuestro amor, el siguiente paso es explicarles que cuando ellos eran bebitos tenían nuestra atención permanente, cuando están enfermos o cuando tienen una dificultad van a ser nuestra prioridad.  Este es el mensaje que tienen que aprender, que aun en situaciones donde se puedan sentir desplazados no lo están.  Así es como les ensenamos que a pesar de la amenaza que puedan sentir en el contexto ellos siguen siendo amados y queridos.  Aprender este mensaje es lo que les va dando seguridad en sí mismos y la capacidad de atravesar circunstancias no favorables.  Un ejemplo muy cotidiano es al repartir porciones de torta que nos encontramos con comentarios como: “la porción de mi hermana es más grande”  Solemos responder: “no, son todas las porciones iguales.”  Las probabilidades que todas las porciones sean iguales es remota.  En lugar de dar esta respuesta podríamos decir: “si, veo, me parece que te molesta tener una porción mas pequeña” Validar la emoción del niño lo hace sentir considerado.  Desde este lugar de escucha, podemos luego buscar juntos alternativas a la situación, por ejemplo que pueda repetir otra porción.
Pasar tiempo en forma exclusiva con cada uno de nuestros hijos disminuye considerablemente las peleas entre los hermanos.  Estar solo con cada uno de nuestros hijos los hace sentirse especiales y les disminuye la competencia por obtener la atención de la madre o padre.  Si los padres pudieran en forma regular disponer de cierto tiempo para dedicarle a cada uno de sus hijos verían los resultados en forma inmediata.  No se trata de pasar largas horas con cada uno.  Basta con ir juntos al supermercado, o a ponerle nafta al auto o al banco o a llevar una carta al correo.  Pequeñas actividades entre madre e hijo/a o padre e hijo/a en forma exclusiva, es decir sin otro hermanito/a, marcan una gran diferencia en el clima del hogar.

Finalmente, tenemos que recordar que somos ejemplo para nuestros hijos.  La forma en la que nosotros mismos, como padres adultos, resolvemos los conflictos que tenemos con nuestra pareja, familiares y amigos es también parte de la enseñanza que les damos a nuestros hijos.  Si cuando tenemos un problema con alguien, levantamos la voz y mostramos una actitud intolerante esto es lo que estaremos enseñando.  Por el contrario, si sabemos dialogar y mantener la calma aun cuando estamos en desacuerdo con alguien estaremos mostrando un ejemplo que, muchas veces, enseña más que mil palabras.  Educar con el ejemplo es una forma de instrucción que, aunque sea difícil ver su impacto inmediato, es una enseñanza efectiva, duradera y de largo plazo. 

Padres perfeccionistas

Un padre perfeccionista tiende a ser un padre exigente.  Los padres exigentes no ofrecen opciones, simplemente imponen el camino a seguir.  Son padres que dictaminan sin dar lugar a la participación de su hijo, sin valorar su opinión, sentimientos o pensamientos.  Son padres que no dejan ser al niño.  Este estilo de paternidad genera en los niños mucha frustración cuando no pueden satisfacer a sus padres o gran resentiento si, logran alcanzar los objetivos establecidos por los padres pero sus intereses no fueron tenidos en cuenta.
Opuesto a los padres perfeccionistas encontramos a los padres que confian en sus hijos.  Los padres que confían en sí mismos, saben que tienen una capacidad interior que, con determinadas condiciones, se va manifestando en ellos permitiéndoles lograr y alcanzar los objetivos deseados.  De la misma forma que ellos cuentan con esta capacidad, tienen la convicción que sus hijos tambien la tienen. Desde este lugar de confianza, es que ejercen su paternidad.  Saben que asi como ellos tienen una capacidad interior tambien la tienen sus hijos.  Estos padres reconocen la importancia de escuchar las necesidades, sentimientos y pensamientos de sus hijos.  Esta actitud de escucha transmite el mensaje que sus hijos valen, que lo que tienen para decir es importante, que sus sentimientos y pensamientos van a ser considerados.  De esta forma, estos padres van alimentando la confianza y autoestima de sus hijos simplemente porque confian en que sus hijos tienen una capacidad interior a desplegar. 
Los padres perfeccionistas, por el contrario, dudan de la capacidad de sus hijos, no tienen confianza en ellos.  Esta falta de confianza los lleva a dudar del proceso de aprendizaje de sus hijos.  Son padres que creen que tienen que marcarles cada paso del camino.  Si los padres no imponen lo que se debe hacer temen las consecuencias.  Son padres que manifiestan una intolerancia al error de sus hijos que, en definitiva, es una expresión de intolerancia al aprendizaje.  Los niños son aprendizaje y el aprender implica equivocarse.  Para estos padres no hay posibilidad de disfrute o diversión a lo largo del camino de aprendizaje.  El padre perfeccionista tiene el foco en el resultado final a obtener perdiendo de vista por completo el proceso.  El miedo y la ansiedad que los padres perfeccionistas sienten respecto a tener que alcanzar un objetivo o realizar una tarea se lo terminan transmitiendo a sus hijos generándoles mucha inseguridad.  Es muy común encontrar hijos de padres perfeccionistas que se desesperan cuando realizan sus tareas o les es sumamente dificil disfrutarlas o simplemente realizarlas estando relajado.
Volviendo a los padres que sienten confianza en sus hijos, el camino del aprendizaje es  muy distinto.  Estos padres buscan que sus hijos saquen de sí lo mejor de ellos.  No son padres que buscan establecer los objetivos de su hijo basándose en estándares exteriores sino que los establecen de acuerdo a la propia capacidad de su hijo.  Es un padre que evalúa el esfuerzo, la dedicación, el compromiso que su hijo pone al momento de hacer una tarea.  El esfuerzo o la voluntad es lo que este padre valora porque es la variable que el niño puede controlar.  Estos padres saben que cualquier resultado final conlleva factores que no necesariamente dependen del niño.  Este padre puede llegar a retar a su hijo si realiza un trabajo ‘muy bueno’ porque sabe que tiene la capacidad de hacerlo ‘excelente’ y, puede llegar a felicitar a otro de sus hijos que hizo un trabajo ‘regular’ porque sabe que dio lo mejor de él para realizarlo.  Este padre está permanentemente atento al mundo interior de sus hijos: sus necesidades, emociones, pensamientos y capacidades de sus hijos.  Es un padre que, con su actitud, transmite a sus hijos que son valiosos alimentándoles de esa forma su seguridad y autoestima.  

Suicidio en los adolescentes


Entrevista sobre "Suicidio en los Adolescentes" por Noticiero Telemundo 47 Primera Edicion







Padres que discuten delante de sus hijos

Cuantas veces nos ocurre que, por alguna razón, nos enojamos con el padre de nuestros hijos y lo criticamos delante de nuestros hijos.  Si bien es válido estar enojados, frustrados, disgustados con el padre de nuestros hijos, no es apropiado criticarlo o hablar mal de él delante de nuestros hijos.  Antes que nada, tenemos que saber que el padre de nuestros hijos es una de las personas más importantes en la vida de nuestros hijos.  Criticar al padres de nuestros hijos implica no estar teniendo en cuenta el lugar que esta persona ocupa en la vida de nuestros hijos. Este comportamiento es una falta de consideración para con nuestros hijos.  Criticar en este caso es una conducta egoísta dado que está simplemente actuando desde el deseo infantil de expresar su frustración sin tener en cuenta el lugar que esta persona ocupa en la vida de sus hijos.  Nuestros hijos, aunque no lo expresan, sienten que no están siendo respetados cuando un padre critica al otro. 
En general, los padres recurren a criticar al padre de nuestros hijos se sienten dolidos y utilizan este comportamiento como una forma de venganza o forma de castigar a quien los lastimo previamente a ellos.  Sin embargo, lejos de impartir justicia, lastiman profundamente a sus hijos causándoles mucho dolor.  Este dolor los aleja del padre que critica. Estos niños sienten un desconcierto muy grande al no poder comprender como quién los ama puede llegar a criticar a una de las personas más importantes de su vida.  Esta situación, poco a poco, va dañando la relación entre padres/madres e hijos.
Cuando nos encontramos en una situación en la que nos reconocemos enojados para con el padre de nuestros hijos, el primer paso es intentar hacerlo consciente como para no reaccionar inconscientemente desde aquel enojo.  Cuando reaccionamos, estamos siendo dominados por nuestra emoción.  Este tipo de comportamiento es un comportamiento infantil o inmaduro de una persona que  está siendo dominada por sus emociones.  Estamos aquí frente a una persona que no es libre de elegir como actuar, sino que por el contrario, reacciona comportándose como la emoción del momento lo determina sin medir las consecuencias de este comportamiento.  Con esto no estoy queriendo decir que no tenemos que enojarnos o frustrarnos o irritarnos con los padres de nuestros hijos.  Las emociones que sentimos forman parte de quienes somos y son válidas.  El problema es que hacemos con estas emociones. Las personas maduras o con mayor consciencia de sí mismas son más libres porque pueden elegir que hacer y, en este elegir, pueden evaluar las consecuencias de sus actos.  Las personas menos conscientes de sí mismas o más infantiles están dominadas por sus emociones sin poder decidir conscientemente y tienden a reaccionar.  Entonces, si somos de esas personas que a veces reaccionamos y nos comportamos de manera que a veces lastimamos hasta a las personas que más queremos, el primer paso sería comenzar a prestarnos atención a nosotros mismos.  Cuando nos encontramos utilizando frases como ‘nunca’ o ‘siempre’ tenemos que hacer una pausa porque suelen ser indicadores que estamos empezando a estar enojados. Por ejemplo: “mi marido nunca levanta la mesa” o “el padre de mis hijos siempre los malcría.”  Otras señales de alerta son frases como por ejemplo: “el papa de mis hijos es un egoísta, es cómodo.” Estas últimas frases son distintas formas de críticas.  En lugar de hablar del otro, es recomendable hablar de cómo uno se siente.  Concretamente, en lugar de decir “mi marido es un egoísta” decir: “cuando mi marido se va a jugar al tenis me siento sola” o en lugar de decir “mi marido es cómodo” podemos decir: “cuando mi marido se pone a mirar TV siento mucho enojo porque no me siento ayudada con los quehaceres del hogar.   En estos ejemplos no hay crítica hacia la otra persona sino que estamos expresando nuestro sentir respecto al comportamiento del otro.  Resumiendo, cuando nos damos cuenta que nos estamos empezando a enojar primero identifiquemos la conducta de la otra persona que nos molesta. Segundo, reflexionemos como esa conducta nos hace sentir a nosotros. Por último, podemos expresar lo que nos pasa.
Ejemplo 1 
Conducta del otro: Mira TV cuando yo lavo los platos
Nuestro sentimiento: Enojo
Comunicación: “Cuando miras TV mientras yo lavo los platos me enojo porque estoy cansada y me siento no tenida en cuenta”
Ejemplos 2
Conducta del otro: Se va a jugar al golf
Nuestro sentimiento: Triste
Comunicación: “Cuando te vas a jugar al golf todo el día me siento sola y me da tristeza”
Ejemplos 3
Conducta del otro: No viene a comer y no avisa
Nuestro sentimiento: Frustración
Comunicación: “Cuando no me avisas que no llegas a comer me frustro esperándote y me siento desconsiderada”
Finalmente, es muy común que los padres discutan delante de sus hijos y la reconciliación es son posterioridad cuando los niños no están presentes.  Los niños viven la pelea, la tensión, el enojo quedándose con el sabor amargo de la discusión.  Este clima que los padres crearon en el ambiente los inunda de desconcierto, dudas, preguntas, incertidumbres, miedos.  Es importante que los padres sean conscientes que han generado este clima en el ambiente.  Una vez que los padres se han reconciliado es importante que se lo comuniquen a sus hijos de forma de transmitirles que ya el clima es otra vez de armonía.  Al hablar con sus hijos comunicándoles que los padres lograron entenderse es importante darles espacio a los niños para que hagan sus preguntas.  Los padres debieran tomarse el tiempo necesario para atender cada una de sus preguntas de sus hijos de forma de mitigar los miedos o incertidumbres que les pudieron haber quedado luego de haber visto y sentido la tensión entre las dos personas más importantes de sus vidas. 

Entrevista sobre "Padres que discuten delante de sus hijos" en el programa televisivo Buenos Dias Nueva York por Telemundo 47